jueves, enero 29, 2015

Libros: Ser amigo mío es funesto. Correspondencia (1927-1938)

Ser amigo mío es funesto. Correspondencia (1927-1938)

Joseph Roth, Stefan Zweig
Traducción de J. Fontcuberta, Eduardo Gil Bera
Acantilado. 
Barcelona 
2014
432 págs. 
Título original en alemán: Jede Freundschaft mit mir ist verderblich. Joseph Roth und Stefan Zweig: Briefwechsel 1927-1938.
En 1927 Stefan Zweig y Joseph Roth comenzaron una amistad que crecería con los años, y solo terminaría con la muerte del segundo en 1939. Mientras que Zweig guardó todas las cartas de Roth, este solo conservó algunas por sus desordenados hábitos de vida y su deseo de carecer de un domicilio estable. Así, en la correspondencia destaca con mucho el número de cartas de Roth.
Zweig, autor aclamado internacionalmente, escribe con serenidad y precisión, revelando su carácter reflexivo y contenido en todo tipo de manifestaciones personales. Por el contrario, Roth, periodista y escritor que va consiguiendo paulatino prestigio, expresa con un estilo vivaz y vehemente sus habituales estados de ánimo pesimistas, azuzados por las deudas económicas o los sucesos políticos y culturales. Buena parte de las cartas las dedica Roth a pedir dinero o favores editoriales a su amigo, que siempre responderá con su habitual generosidad.
Entre los principales atractivos de esta correspondencia está el testimonio de las presiones y persecuciones que sufrieron por parte del nacionalsocialismo, por ser judíos; sus opiniones en aquella coyuntura política sobre otros escritores, como Thomas Mann; la visión paneuropea de ambos por encima de los partidismos sionistas del momento; su abominación del comunismo y de cualquier fascismo; y las pocas y luminosas cartas en que se hacen críticas literarias mutuas.
Roth muestra una personalidad perpetuamente agitada y contradictoria: su matizable victimismo político, cultural y profesional, sus bajezas morales y relaciones extramaritales –con alguna carta vergonzosa–, su incapacidad para administrar el dinero, su profundo sentido de la compasión y la culpa, su lucidez ante la descomposición cultural y espiritual de Austria y Alemania, su defensa de la persona frente a los totalitarismos de cualquier signo, su dipsomanía crónica que le mataría a los 45 años, y su admiración por la Iglesia católica –hasta su propia conversión–, pues la consideraba el último baluarte de la civilización europea frente a la barbarie.
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Dipsomanía: Del griego dips (δίψα), sed, y manía (μανία), locura, adicción a. Tendencia irresistible al abuso de las bebidas alcohólicas. Alcoholismo. Dice el dicho: "Lo que en el pobre es borrachera, en el rico es dipsomanía".

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