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martes, mayo 16, 2017

Antigua Grecia: Íbico de Regio

Monumento a Íbico en Reggio di Calabria

El amante añejo

Eros, de nuevo, bajo sus párpa-
                        [dos azul oscuro,
me examina con ojos de lánguido
                                        [mirar, 
y toda clases de hechizos
a las inmensas redes de Cipris me
                                          [lanza.
En verdad que tiemblo al verlo
                                          [cerca, 
como un caballo de carrera,
ganador de trofeos antaño, 
que pesaroso, bajo el carro veloz
se ve uncir para otro certamen. 
ïbico de Regio, Fragmento 7 D

sábado, mayo 13, 2017

Antigua Grecia: Safo de Mitilene o Safo de Lesbos

Que tropel de jinetes dicen unos, 
que batallón de infantes dicen otros,
Charles Mengin: Sappho (1877)
y otros que de navíos una flota
es lo más bello sobre la negra tierra,
yo en cambio afirmo
que lo más bello es aquello de lo que uno se enamora.
Y es totalmente simple
hacer que todo el mundo lo comprenda.
Pues la que de buen corro
superaba en belleza a todos los mortales, Helena
a su marido, todo un noble, plantado lo dejó
y puso rumbo a Troya en una nave,
sin guardar el más mínimos recuerdo
ni de sus hijos ni de sus padres tan queridos;
la sedujo Afrodita.
Safo de Mitilene o Safo de Lesbos, 27 D
(Traducción de José Luis Navarro y José María Rodriguez).

jueves, diciembre 03, 2015

Poema: Antonio Machado

La primavera besaba...

La primavera besaba
suavemente la arboleda,
y el verde nuevo brotaba
como una verde humareda.

Las nubes iban pasando
sobre el campo juvenil...
Yo vi en las hojas temblando
las frescas lluvias de abril.

Bajo ese almendro florido,
todo cargado de flor
—recordé—, yo he maldecido
mi juventud sin amor.

Hoy en mitad de la vida,
me he parado a meditar...
¡Juventud nunca vivida,
quién te volviera a soñar!
Antonio Machado, Poesías completas, Espasa Calpe

jueves, octubre 29, 2015

Poema: Garcilaso de la Vega

Soneto V

Escrito está en mi alma vuestro gesto,
y cuanto yo escribir de vos deseo;
vos sola lo escribisteis, yo lo leo
tan solo, que aun de vos me guardo en esto.

En esto estoy y estaré siempre puesto;
que aunque no cabe en mí cuanto en vos veo,
de tanto bien lo que no entiendo creo,
tomando ya la fe por presupuesto.

Yo no nací sino para quereros;
mi alma os ha cortado a su medida;
por hábito del alma mismo os quiero.

Cuanto tengo confieso yo deberos;
por vos nací, por vos tengo la vida,
por vos he de morir, y por vos muero.
Garcilaso de la Vega, Poesías castellanas completas, Castalia

miércoles, octubre 28, 2015

Poema: Antonio Machado

Señor, ya me arrancaste lo que yo más quería.
Oye otra vez, Dios mío, mi corazón clamar.
Tu voluntad se hizo, Señor, contra la mía.
Señor, ya estamos solos mi corazón y el mar.
Antonio Machado, Poesías reunidas, Espasa Calpe

lunes, octubre 19, 2015

Poema: Anonymus

Tranquila, lentamente
su espigado cuello
mueve; no piensa
¿para qué?
Ha de morir 
bajo la acerada hoja 
en la mano del verdugo.

Se va soñando hacia allí,
en la esposa, en los hijos, 
que sin él van a vivir.
Triste, como árbol deshojado
va inerme,  desarmado.
Atraviesa la explanada, 
ya se deja, va a morir.

Rudas manos lo agarran
y dejan al descubierto 
el cuello que van a herir.
Pálida, su bronceada cara, 
un suspiro deja oír, 
es triste hechizante
como los cantos de abril.

Un hombre que va a morir.
Un hombre que muere  más.
La luna argentea su rostro 
y acaricia su frente, 
parece mecer la cuna 
del hombre que va a dormir
un sueño eterno y feliz. 
Anonymus, Condenado,1971

domingo, octubre 18, 2015

Poema: Anonymus

Azufre, fuego,
carbón, llama, 
quema, hierve,
corroe y mata.

Aniquila y asola
los límites del alma,
dejando a su paso 
el vacío y la nada.

Vida y muerte, 
todo y nada
principio y final,
pero siempre nada.

El vacío infernal.
El espíritu ahogado
y material letal
que todo lo arrasa.
Aire, 
Dios es aire
y el demonio de la nada.
¿Pero que me pasa?
Anonymus,  Psicosis, 1973

sábado, octubre 17, 2015

Poema: Anonymus

Te regalaré la luna 
dentro de un vaso de agua
o en la superficie helada
del estanque del jardín, 
y si te parece grande 
tal vez consiga hacer
que en una caja de música
su imagen pueda meter.

Y para qué no esté sola, 
y pueda llorar, tal vez,  
también consiga meter,
algunos luceros del cielo
que, como rosas del jardín 
en esplendor y belleza, cortaré.

Y para envolver todo eso, 
el regalo de la luna, 
de algún cometa fugaz, 
de su aureola me quede
con un hilo, para formar 
lindo lazo del regalo de 
la luna que te haré.
Anonymus, Te regalaré la luna, 1973

viernes, octubre 16, 2015

Poema: Anonymus

Negro y rojo
en mi alma.
Tinta en sangre
y en odio.
Amanecer celoso
que brota húmedo
porque lo lloro.

Dos por dos 
como mis penas
que nace en
fuego y oro.
Uno y solo
sobre mi espíritu
que yermo recojo.
Si recoger 
en el miedo
dentro del alma
que sola descansa.

Junto a la sombra
de tu tierno pecho,
y dentro de él, 
como mis penas, 
dos por dos, 
fuego y oro,
negro y rojo,
mis pensamientos solos.
Anonymus, Mis penas, 1974.

jueves, octubre 15, 2015

Poema: Anonymus

¿El por qué de mis tantas 
sin razones te estoy dando?

¿Para qué mis súplicas 
y mis demandas

Si luego, cada uno, 
por su lado, 
irá a llorar al viento
su desgracia.

¡Acaso no contesto
a tus preguntas
con mis lágrimas?
Anonymus, Tú y yo, 1973

miércoles, octubre 14, 2015

Poema: Anonymus

¡A dónde irán ellos?
¿Y mis tormentos?
Sembrados en la tierra
donde mis ojos ahogados, 
entre lágrimas y gritos, 
los van enterrando.

Como recuerdo, 
un cruz negra y roja, 
bordada en fuego y oro,
entre los huesos 
de los tormentos y
los recuerdos de los otros.

Soy un hombre más
y como ellos, 
me olvidaré, 
me olvidarán,
porque estaré muerto.
Anonymus, Tormentos, 1974

martes, octubre 13, 2015

Poema: Anonymus

Tonterías, ilusiones, 
llamarán algunos.
Y pueden llevar razón, 
pero esas ilusiones
son mías.

¡Que critiquen!
¡Que se rían!
pero esos versos 
¿Me oyen?
Esos son míos.
Anonymus, Versos, mayo 1973

domingo, septiembre 27, 2015

Poema: José de Espronceda

Canto I

Sobre una mesa de pintado pino 
melancólica luz lanza un quinqué, 
y un cuarto ni lujoso ni mezquino 
a su reflejo pálido se ve. 
Suenan las doce en el reloj vecino 
y el libro cierra que anhelante lé 
un hombre ya caduco, y cuenta atento 
de cansado reloj el golpe lento. 

Carga después sobre la diestra mano 
la ya rugosa y abrumada frente, 
y un pensamiento fúnebre, tirano, 
fija y domina, al parecer, su mente. 
Borrarlo intenta en su ansiedad en vano; 
vuelve a leer, y en tanto, que obediente 
se somete su vista a su porfía 
lánzase a otra región su fantasía. 

«¡Todo es mentira y vanidad, locura!» 
Con sonrisa sarcástica exclamó; 
y en la silla tomando otra postura, 
de golpe el libro y con desdén cerró. 
Lóbrega tempestad su frente oscura 
en remolinos densos anubló; 
y los áridos ojos quemó luego 
una sangrienta lágrima de fuego. (...)
José de Espronceda, El diablo mundo (fragmento), 1841.

sábado, septiembre 26, 2015

Poema: Federico García Lorca

A Gloria Giner
y a Fernando de los Ríos
Verde que te quiero verde. 
Verde viento. Verdes ramas. 
El barco sobre la mar 
y el caballo en la montaña. 
Con la sombra en la cintura 
ella sueña en su baranda, 
verde carne, pelo verde, 
con ojos de fría plata. 
Verde que te quiero verde. 
Bajo la luna gitana, 
las cosas le están mirando 
y ella no puede mirarlas.

Verde que te quiero verde. 
Grandes estrellas de escarcha, 
vienen con el pez de sombra 
que abre el camino del alba. 
La higuera frota su viento 
con la lija de sus ramas, 
y el monte, gato garduño, 
eriza sus pitas agrias. 
¿Pero quién vendrá? ¿Y por dónde...? 
Ella sigue en su baranda, 
verde carne, pelo verde, 
soñando en la mar amarga.

Compadre, quiero cambiar 
mi caballo por su casa, 
mi montura por su espejo, 
mi cuchillo por su manta. 
Compadre, vengo sangrando, 
desde los montes de Cabra. 
Si yo pudiera, mocito, 
ese trato se cerraba. 
Pero yo ya no soy yo, 
ni mi casa es ya mi casa. 
Compadre, quiero morir 
decentemente en mi cama. 
De acero, si puede ser, 
con las sábanas de holanda. 
¿No ves la herida que tengo 
desde el pecho a la garganta? 
Trescientas rosas morenas 
lleva tu pechera blanca. 
Tu sangre rezuma y huele 
alrededor de tu faja. 
Pero yo ya no soy yo, 
ni mi casa es ya mi casa. 
Dejadme subir al menos 
hasta las altas barandas, 
dejadme subir, dejadme, 
hasta las verdes barandas. 
Barandales de la luna 
por donde retumba el agua. (...)
Federico García Lorca, Romance sonámbulo (fragmento), en Romancero gitano (1928).

lunes, septiembre 21, 2015

Poema: Fray Luis de León

Oda X - A Felipe Ruiz

¿Cuándo será que pueda, 
libre desta prisión volar al cielo, 
Felipe, y en la rueda, 
que huye más del suelo, 
contemplar la verdad pura sin duelo?

Allí a mi vida junto, 
en luz resplandeciente convertido, 
veré distinto y junto 
lo que es y lo que ha sido, 
y su principio propio y escondido.

Entonces veré cómo 
la soberana mano echó el cimiento 
tan a nivel y plomo, 
dó estable y firme asiento 
posee el pesadísimo elemento.

Veré las inmortales 
columnas do la tierra está fundada; 
las lindes y señales 
con que a la mar hinchada 
la Providencia tiene aprisionada;

por qué tiembla la tierra; 
por qué las hondas mares se embravecen, 
dó sale a mover guerra 
el cierzo, y por qué crecen 
las aguas del Océano y descrecen;

de dó manan las fuentes; 
quién ceba y quién bastece de los ríos 
las perpetuas corrientes; 
de los helados fríos 
veré las causas, y de los estíos;

las soberanas aguas 
del aire en la región quién las sostiene; 
de los rayos las fraguas, 
dó los tesoros tiene 
de nieve Dios, y el trueno dónde viene.

¿No ves cuando acontece 
turbarse el aire todo en el verano? 
El día se ennegrece, 
sopla el gallego insano, 
y sube hasta el cielo el polvo vano;

y entre las nubes mueve 
su carro Dios, ligero y reluciente; 
horrible son conmueve, 
relumbra fuego ardiente, 
treme la tierra, humíllase la gente;

la lluvia baña el techo; 
invían largos ríos los collados; 
su trabajo deshecho, 
los campos anegados, 
miran los labradores espantados.

Y de allí levantado, 
veré los movimientos celestiales, 
ansí el arrebatado 
como los naturales, 
las causas de los hados, las señales.

Quién rige las estrellas 
veré, y quién las enciende con hermosas 
y eficaces centellas; 

por qué están las dos Osas 
de bañarse en el mar siempre medrosas.

Veré este fuego eterno, 
fuente de vida y luz, dó se mantiene; 
y por qué en el invierno 
tan presuroso viene, 
quien en las noches largas se detiene.

Veré sin movimiento 
en la más alta esfera las moradas 
del gozo y del contento, 
de oro y luz labradas, 
de espíritus dichosos habitadas.
Fray Luis de León
Representación del universo según Ptolomeo


miércoles, junio 24, 2015

Poema: Cortaron tres árboles

Cortaron tres árboles

Eran tres.
(Vino el día con sus hachas.)
Eran dos.
(Alas rastreras de plata.)
Era uno.
Era ninguno.
(Se quedó desnuda el agua.)
Federico García Lorca

domingo, junio 21, 2015

Poema: Mire los muros

 Miré los muros
  Miré los muros de la patria mía,
si un tiempo fuertes ya desmoronados
de la carrera de la edad cansados
por quien caduca ya su valentía.

  Salíme al campo: vi que el sol bebía         
los arroyos del hielo desatados,
y del monte quejosos los ganados
que con sombras hurtó su luz al día.

  Entré en mi casa: vi que amancillada
de anciana habitación era despojos,             
mi báculo más corvo y menos fuerte.

  Vencida de la edad sentí mi espada,
y no hallé cosa en que poner los ojos
que no fuese recuerdo de la muerte.
Francisco de Quevedo 
Francisco Gómez de Quevedo Villegas y Santibáñez Cevallos, recordado tanto por su impecable uso de la lengua como por su fuerte y controversial personalidad, Francisco de Quevedo nació en Madrid en 1580 y falleció en Villanueva de los Infantes en 1645. Este escritor, a quien el sabio humanista Justo Lipsio describió como la "gloria excelsa de los españoles", llevó una vida tan productiva literariamente como turbulenta en el ámbito social y político. Fue de trascendente fama su rivalidad con Luis de Góngora, objeto de muchas de sus obras satíricas, siendo especialmente recordado su Soneto y A un hombre de gran nariz. Estudió varios idiomas, que aprovechó tanto para la traducción de obras extranjeras como para su propia producción.
Su obra abarcó todos los géneros literarios de su época. Así, tenemos sus escritos burlescos, pero también poemas en que vemos reflejadas sus ideas, y otros, de amor, que se ven ensombrecidos por su obsesión con el paso del tiempo y la muerte. Su estilo es complejo pero sin dejar en segundo plano la belleza; Sermón estoico de censura moral es un claro ejemplo de la maestría de este poeta. Pero también dejó su huella en la narrativa, donde destacan La cuna y la sepultura y su novela picaresca Historia de la vida del Buscón, llamado don Pablos, publicada en forma clandestina durante mucho tiempo.

viernes, junio 19, 2015

Poema: Memento mori

Memento mori
...y no halle cosa en que poner los ojos
que no fuera recuerdo de la muerte.
                                          Quevedo
I
Es la sombra que viene,                                    
La garra preparada                                    
Para el golpe certero,                                  
La mirada en alerta                                           
Que busca, sigue, acecha.                               
Nada se escapa al ojo
Implacable y absorto.
Nada al cruel arrebato.
Cuando la furia cae
Rasgando piel y carne,
Y la vida se escapa,
Y la sangre se amansa,
Y se instala la muerte;
Entonces comprendemos
Que el mayor enemigo,
El más voraz y aleve,
Nos hiere siempre el último
Desde adentro del pecho.
II
Ya no te creo, ciudad, el paraíso,
El eterno jardín donde la dicha enciende
Sus fuegos de San Telmo.
Tampoco te concibo como la cuna de las ilusiones,
O el rincón iluminado
Por las luces secretas del deseo.
Caída la venda de los espejismos,
Eres tan sólo ese paisaje sórdido
Donde rufianes y tahúres
Se tasan mutuamente,
Mientras los mismos tiburones
Se mastican sin pausa
Con sus dientes de oro.
La araña teje su tela, indiferente,
Mientras tanto.
Tarde o temprano,
Cualquiera ha de caer. 
Carmen González Huguet
Nació el 15 de noviembre de 1958 en El Salvador y es una reconocida poetisa y catedrática de su país. Su estilo impecable y su fructífera obra la han llevado a brindar clases y seminarios en importantes universidades, lo que le ha permitido hacer más conocida su obra. Además, ha ganado importantes premios como el de Juegos Florales Hispanoamericanos de Quetzaltenango.
Algunas de sus obras poéticas publicadas son Las sombras y la luz, Testimonio y Locuramor. Asimismo, ha escrito narrativa, donde se destaca su novela corta En busca del paraíso y su novela policial Flores de papel; ambas la han hecho merecedora de premios literarios.
Carmen realiza también trabajos de investigación, intentando acercarse a las bases de la literatura de San Salvador. Su intensa labor en favor de las letras, su estilo que muchos consideran deslumbrante y su pasión por la poesía la han convertido en una de las poetisas más importantes en la historia de su país.

jueves, junio 18, 2015

Poema: En la verde orilla

En la verde orilla
Los rayos le cuenta al Sol
Con un peine de marfil
La bella Jacinta un día
Que por mi dicha la vi
En la verde orilla
De Guadalquivir.

La mano oscurece al peine;
Mas qué mucho, si el abril
La vio oscurecer los lilios
Que blancos suelen salir
En la verde orilla
De Guadalquivir.

Los pájaros la saludan,
Porque piensa (y es así)
Que el Sol que sale en oriente
Vuelve otra vez a salir
En la verde orilla
De Guadalquivir.

Por sólo un cabello el Sol
De sus rayos diera mil,
Solicitando invidioso
El que se quedaba allí
En la verde orilla
De Guadalquivir.
Luis de Góngora y Argote

miércoles, junio 17, 2015

Poema: De la brevedad engañosa de la vida

De la brevedad engañosa de la vida


Menos solicitó veloz saeta 
destinada señal que mordió aguda; 
agonal carro por la arena muda 
no coronó con más silencio meta

que presurosa corre, que secreta 
a su fin nuestra edad. A quien lo duda, 
fiera que sea de razón desnuda, 
cada Sol repetido es un cometa.

¿Confiésalo Cartago y tú lo ignoras? 
Peligro corres, Licio, si porfías 
en seguir sombras y abrazar engaños

Mal te perdonarán a ti los las horas, 
las horas que limando están los días, 
los días que royendo están los años.
Luis de Góngora y Argote
Nació en Córdoba, España, en el año 1561 y falleció en 1627. Se lo recuerda por haber sido uno de los poetas más trascendentes del siglo XVI; se opuso a las ideas tradicionalistas y a la línea religiosa que regía la vida en sociedad. Durante toda su vida fue asolado por difíciles situaciones económicas, e incluso cuando estaba triunfando a nivel nacional tenía dificultades para cubrir sus gastos. Pocas de sus obras fueron publicadas, pero se pasaron de mano en mano y alcanzaron una gran popularidad.
Algunas de las características más destacables de su escritura son el tinte satírico y humorístico, fue uno de los precursores de la unificación de ambos registros, que hasta ese momento se utilizaban por separado. Entre sus obras pueden destacarse Soledades y Fábula de Polifemo y Galatea. Cabe mencionar que debido a sus ideas contrarias al conservadurismo, sufrió la enemistad e incomprensión de muchos; sin embargo, esa misma forma de encarar la literatura, tan fresca y novedosa, también lo convirtió en uno de los autores más nombrados del Barroco. La Generación del 27, cuyo nombre hace alusión al año en el que falleció, reúne a poetas de la talla de Federico García Lorca, Luis Cernuda y Manuel Altolaguirre. Si bien recomendamos leer las decenas de poemas de su autoría, destacamos el soneto que precede a este comentario y En la verde orilla, (en la correspondiente entrada en este blog), como punto de partida para apreciar su incomparable lírica.