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jueves, octubre 29, 2015

Poema: Garcilaso de la Vega

Soneto V

Escrito está en mi alma vuestro gesto,
y cuanto yo escribir de vos deseo;
vos sola lo escribisteis, yo lo leo
tan solo, que aun de vos me guardo en esto.

En esto estoy y estaré siempre puesto;
que aunque no cabe en mí cuanto en vos veo,
de tanto bien lo que no entiendo creo,
tomando ya la fe por presupuesto.

Yo no nací sino para quereros;
mi alma os ha cortado a su medida;
por hábito del alma mismo os quiero.

Cuanto tengo confieso yo deberos;
por vos nací, por vos tengo la vida,
por vos he de morir, y por vos muero.
Garcilaso de la Vega, Poesías castellanas completas, Castalia

sábado, septiembre 19, 2015

Poema: Garcilaso de la Vega

Soneto XXIII

En tanto que de rosa y azucena
se muestra la color en vuestro gesto,
y que vuestro mirar ardiente, honesto,
enciende al corazón y lo refrena;
  
 y en tanto que el cabello, que en la vena
del oro se escogió, con vuelo presto,
por el hermoso cuello blanco, enhiesto,
el viento mueve, esparce y desordena;

   coged de vuestra alegre primavera
el dulce fruto, antes que el tiempo airado
cubra de nieve la hermosa cumbre.

   Marchitará la rosa el viento helado,
todo lo mudará la edad ligera,
por no hacer mudanza en su costumbre.
Garcilaso de la Vega

viernes, septiembre 18, 2015

Poema: Soneto acróstico

Acróstico radial de dicado a Carlos II. Biblioteca Nacional, Madrid, España
Sus catorce versos se colocan en círculo alrededor de una A central y empiezan por distintas letras que, unidas entre sí -acróstico-, forman el nombre del rey al que va dedicado: Carlos de Austria.

miércoles, septiembre 16, 2015

Poema: Fresca arboleda del jardín sombrío

Tomás de Iriarte y Nieves Ravelo (Puerto de la Cruz, Tenerife, 18 de septiembre de 1750 - Madrid, 17 de septiembre de 1791), poeta español de la Ilustración y el Neoclasicismo y también músico aficionado, hermano de los diplomáticos Bernardo de Iriarte y Domingo de Iriarte y sobrino del humanista, bibliógrafo y poeta Juan de Iriarte.

Fresca arboleda del jardín sombrío

¡Fresca arboleda del jardín sombrío,
 clara fuente, sonoras avecillas,
 verde prado que esmaltas las orillas
 del celebrado y anchuroso río!

 ¡Grata aurora que viertes el rocío
 por entre nubes rojas y amarillas,
 bello horizonte de lejanas villas,
 aura blanca, que templas el estío!

 ¡Oh soledad!, quien puede te posea;
 que yo gozara en tu apacible seno
 el placer que otros ánimos recrea,

 si tu silencio y tu retiro ameno
 más viva no ofrecieran a mi idea
 la imagen de la ingrata por quien peno.

martes, septiembre 15, 2015

Poema: Ciencia de los cortesanos de este siglo

Ciencia de los cortesanos de este siglo

Bañarse con harina la melena,
ir enseñando a todos la camisa,
espada que no asuste y que dé risa,
su anillo, su reloj y su cadena;

hablar a todos con la faz serena,
besar los pies a misa doña Luisa,
y asistir como cosa muy precisa
al pésame, al placer y enhorabuena;

estar enamorado de sí mismo,
mascullar una arieta en italiano,
y bailar en francés tuerto o derecho;

con esto, y olvidar el catecismo,
cátate hecho y derecho cortesano,
mas llevaráte el diablo dicho y hecho.
Diego de Torres Villarroel, (Salamanca, 1694 - ibíd., 19 de junio 1770) fue un escritor, poeta, dramaturgo, médico, matemático, sacerdote y catedrático de la Universidad de Salamanca.
______________
misa: mi señora

domingo, junio 21, 2015

Poema: Mire los muros

 Miré los muros
  Miré los muros de la patria mía,
si un tiempo fuertes ya desmoronados
de la carrera de la edad cansados
por quien caduca ya su valentía.

  Salíme al campo: vi que el sol bebía         
los arroyos del hielo desatados,
y del monte quejosos los ganados
que con sombras hurtó su luz al día.

  Entré en mi casa: vi que amancillada
de anciana habitación era despojos,             
mi báculo más corvo y menos fuerte.

  Vencida de la edad sentí mi espada,
y no hallé cosa en que poner los ojos
que no fuese recuerdo de la muerte.
Francisco de Quevedo 
Francisco Gómez de Quevedo Villegas y Santibáñez Cevallos, recordado tanto por su impecable uso de la lengua como por su fuerte y controversial personalidad, Francisco de Quevedo nació en Madrid en 1580 y falleció en Villanueva de los Infantes en 1645. Este escritor, a quien el sabio humanista Justo Lipsio describió como la "gloria excelsa de los españoles", llevó una vida tan productiva literariamente como turbulenta en el ámbito social y político. Fue de trascendente fama su rivalidad con Luis de Góngora, objeto de muchas de sus obras satíricas, siendo especialmente recordado su Soneto y A un hombre de gran nariz. Estudió varios idiomas, que aprovechó tanto para la traducción de obras extranjeras como para su propia producción.
Su obra abarcó todos los géneros literarios de su época. Así, tenemos sus escritos burlescos, pero también poemas en que vemos reflejadas sus ideas, y otros, de amor, que se ven ensombrecidos por su obsesión con el paso del tiempo y la muerte. Su estilo es complejo pero sin dejar en segundo plano la belleza; Sermón estoico de censura moral es un claro ejemplo de la maestría de este poeta. Pero también dejó su huella en la narrativa, donde destacan La cuna y la sepultura y su novela picaresca Historia de la vida del Buscón, llamado don Pablos, publicada en forma clandestina durante mucho tiempo.

jueves, junio 18, 2015

Poema: En la verde orilla

En la verde orilla
Los rayos le cuenta al Sol
Con un peine de marfil
La bella Jacinta un día
Que por mi dicha la vi
En la verde orilla
De Guadalquivir.

La mano oscurece al peine;
Mas qué mucho, si el abril
La vio oscurecer los lilios
Que blancos suelen salir
En la verde orilla
De Guadalquivir.

Los pájaros la saludan,
Porque piensa (y es así)
Que el Sol que sale en oriente
Vuelve otra vez a salir
En la verde orilla
De Guadalquivir.

Por sólo un cabello el Sol
De sus rayos diera mil,
Solicitando invidioso
El que se quedaba allí
En la verde orilla
De Guadalquivir.
Luis de Góngora y Argote

miércoles, junio 17, 2015

Poema: De la brevedad engañosa de la vida

De la brevedad engañosa de la vida


Menos solicitó veloz saeta 
destinada señal que mordió aguda; 
agonal carro por la arena muda 
no coronó con más silencio meta

que presurosa corre, que secreta 
a su fin nuestra edad. A quien lo duda, 
fiera que sea de razón desnuda, 
cada Sol repetido es un cometa.

¿Confiésalo Cartago y tú lo ignoras? 
Peligro corres, Licio, si porfías 
en seguir sombras y abrazar engaños

Mal te perdonarán a ti los las horas, 
las horas que limando están los días, 
los días que royendo están los años.
Luis de Góngora y Argote
Nació en Córdoba, España, en el año 1561 y falleció en 1627. Se lo recuerda por haber sido uno de los poetas más trascendentes del siglo XVI; se opuso a las ideas tradicionalistas y a la línea religiosa que regía la vida en sociedad. Durante toda su vida fue asolado por difíciles situaciones económicas, e incluso cuando estaba triunfando a nivel nacional tenía dificultades para cubrir sus gastos. Pocas de sus obras fueron publicadas, pero se pasaron de mano en mano y alcanzaron una gran popularidad.
Algunas de las características más destacables de su escritura son el tinte satírico y humorístico, fue uno de los precursores de la unificación de ambos registros, que hasta ese momento se utilizaban por separado. Entre sus obras pueden destacarse Soledades y Fábula de Polifemo y Galatea. Cabe mencionar que debido a sus ideas contrarias al conservadurismo, sufrió la enemistad e incomprensión de muchos; sin embargo, esa misma forma de encarar la literatura, tan fresca y novedosa, también lo convirtió en uno de los autores más nombrados del Barroco. La Generación del 27, cuyo nombre hace alusión al año en el que falleció, reúne a poetas de la talla de Federico García Lorca, Luis Cernuda y Manuel Altolaguirre. Si bien recomendamos leer las decenas de poemas de su autoría, destacamos el soneto que precede a este comentario y En la verde orilla, (en la correspondiente entrada en este blog), como punto de partida para apreciar su incomparable lírica.

jueves, junio 04, 2015

Poesía: Soneto al Cristo crucificado

No me mueve, mi Dios, para quererte
el cielo que me tienes prometido,
ni me mueve el infierno tan temido
para dejar por eso de ofenderte.

Tú me mueves, Señor, muéveme el verte
clavado en una cruz y escarnecido,
muéveme ver tu cuerpo tan herido,
muévenme tus afrentas y tu muerte.

Muéveme, en fin, tu amor, y en tal manera,
que aunque no hubiera cielo, yo te amara,
y aunque no hubiera infierno, te temiera.

No me tienes que dar porque te quiera,
pues aunque lo que espero no esperara,
lo mismo que te quiero te quisiera.
Anónimo
Una de las joyas de la poesía mística en lengua española.

miércoles, junio 03, 2015

Poesía: Francisco de Quevedo

Amor constante más allá de la muerte

Cerrar podrá mis ojos la postrera
sombra que me llevare el blanco día,
y podrá desatar esta alma mía
hora, a su afán ansioso lisonjera;

mas no, de esotra parte, en la ribera
dejará la memoria, en donde ardía:
nadar sabe mi llama la agua fría,
y perder el respeto a ley severa.

Alma, a quien todo un dios prisión ha sido,
venas, que humor a tanto fuego han dado,
médulas, que han gloriosamente ardido,

su cuerpo dejará, no su cuidado;
serán ceniza, mas tendrá sentido;
polvo serán, mas polvo enamorado.
Francisco de Quevedo
edición de J. M. Blecua
 El más hermoso de toda la poesía española, al decir apasionado de Dámaso Alonso.

sábado, noviembre 29, 2014

Recordando a Miguel Hernández: Mis labios sin tus rojos

Miguel Hernández, poeta español. Entre sus obras, se destacan El rayo que no cesa y Viento del pueblo. Poesía en la guerra. De imagen de tu huella, extrajimos el poema II:
Mis ojos, sin tus ojos, no son ojos, 
que son dos hormigueros solitarios, 
y son mis manos sin las tuyas varios 
intratables espinos a manojos.. 

No me encuentro los labios sin tus rojos, 
que me llenan de dulces campanarios, 
sin ti mis pensamientos son calvarios 
criando nardos y agostando hinojos. 

No sé qué es de mi oreja sin tu acento, 
ni hacia qué polo yerro sin tu estrella, 
y mi voz sin tu trato se afemina. 

Los olores persigo de tu viento 
y la olvidada imagen de tu huella, 
que en ti principia, amor, y en mí termina.