“Todos somos aficionados. La vida es tan corta que no da para más”
Esa frase es una de las reflexiones más célebres y profundas de Charles Chaplin.
Nos recuerda que, sin importar cuánto estudiemos, cuánto trabajemos o cuánta experiencia acumulemos, el mundo es tan vasto y el tiempo tan limitado que siempre seremos eternos aprendices. En el gran escenario de la existencia, nadie llega a ser un maestro absoluto; todos estamos improvisando y descubriendo el camino sobre la marcha.
Visto de una manera optimista, nos quita un gran peso de encima: nos da permiso para equivocarnos, para ser curiosos y para disfrutar del proceso sin la presión de tener que ser perfectos. Al fin y al cabo, ser director de nuestra propia vida, vale la pena tomarse el juego en serio, pero no a nosotros mismos.

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