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viernes, enero 22, 2021

Libros: Defensa de la Felicidad

Defensa de la Felicidad

Alegato a favor de Epicuro

Francisco de Quevedo
Reino de Cordelia
Madrid
2021
80 págs.
Edición de Arturo Echavarren.
Ilustraciones de Pieter Brueghel el Viejo.
Francisco de Quevedo había cumplido ya 55 años cuando. en 1635. decidió publicar su ensayo Defensa de Epicuro contra la común opinión, una declaración de intenciones en Defensa de la felicidad. Aunque nunca fue un pensador sistemático, en toda su obra late un impulso filosófico apoyado en el triunfo de la razón que propugnaban los estoicos. Con su alegato en favor de Epicuro, Quevedo da todavía un paso más y entiende que el principal propósito de la vida es lo placentero. Consciente de que este apoyo pudiera granjearle problemas incómodos y acaso dolorosos con la Iglesia, el gran poeta satírico del Siglo de Oro cristianiza las tesis del filósofo griego. Atempera los aspectos menos asumibles para la doctrina cristiana, como la mortalidad del alma, y subraya la mesura y frugalidad, en la línea de los humanistas italianos. El resultado es una visión absolutamente novedosa para su tiempo, que, al igual que su prosa, resulta sobresaliente. La edición, a cargo del filólogo Arturo Echavarren, se ilustra con grabados de Pieter Brueghel el Viejo.
Francisco de Quevedo (Madrid, 1580 – Villanueva de los Infantes, Ciudad Real, 1645). Una literatura entera en sí mismo y uno de los autores más destacados del Siglo de Oro español, muy popular por su obra poética, aunque también escribió narrativa, teatro y diversos opúsculos filosóficos, políticos, morales, ascéticos, humanísticos e históricos. De humor tan brillante como ácido y cruel, se enfrentó a la mitad de los escritores de su época. Es autor, entre otras obras, de la novela picaresca Historia de la vida del Buscón llamado don Pablos; ejemplo de vagamundos y espejo de tacaños (1626), que Reino de Cordelia ha publicado en la versión ilustrada de Daniel Urrabieta Vierge, con edición de Arturo Echevarren.

jueves, junio 27, 2019

Libros: El Buscón de Vierge

El Buscón de Vierge

Daniel Urrabieta Vierge
Francisco de Quevedo
Reino de Cordelia
Madrid
2019
352 págs.
Afincado en París desde niño, el ilustrador Daniel Urrabieta Vierge (1851 – 1904) siempre quiso ilustrar El Buscón de Quevedo. Su edición definitiva apareció en Londres en 1892 con un total de 120 dibujos. Arturo Echavarren, filólogo experto en literatura del Siglo de Oro, ha llevado hasta el español actual el texto de Quevedo para que resulte tan luminoso como las imágenes que lo ilustran.

miércoles, mayo 15, 2019

Libros: Diccionario de insultos

Editorial Verbum publica Diccionario de insultos, una obra de José Antonio Martínez Climent y Ricardo María González-Haba.
Con prólogo del Marqués de Tamarón, el libro recoge distintos insultos de las obras de Francisco de Quevedo, uno de los autores más importantes de los Siglos de Oro, conocido especialmente por su obra poética.
“Quevedo no fue un malandrín calvatrueno, sino un hidalgo irascible e insolente”, afirma el Marqués de Tamarón.

jueves, mayo 26, 2016

Libros: Gracias y desgracias del ojo del culo

Gracias y desgracias del ojo del culo

Francisco de Quevedo
Pepitas de calabaza
Logroño
2016
72 págs
Prólogo de José Luis Cuerda
Ilustraciones de José María Lema
Francisco de Quevedo (nacido como Francisco Gómez de Quevedo Villegas y Santibáñez Cevallos en Madrid un 14 de septiembre de 1580 y fallecido en Villanueva de los Infantes, Ciudad Real, un 8 de septiembre de 1645) es uno de los escritores más destacados y singulares de la literatura española. Exponente inequívoco de la literatura y el pensamiento del Siglo de Oro, Quevedo fue, en palabras de Gerald Brenan «el único de los escritores de su tiempo que optó por el penoso camino de vivir el presente y de prevenir a sus compatriotas con una larga serie de sátiras y denuncias de la ruina que les aguardaba». Su temperamento cáustico, su humor atrabiliario y la peculiaridad de su estilo hizo que en su época (el tiempo de Cervantes, Lope de Vega y Góngora) no gozara de gran popularidad. Ironías de la vida, el futuro, que él siempre vio negro, le reservó un rincón importante de la inmortalidad. A esa inmortalidad le llevaron ciertamente obras en prosa como El Buscón y Los sueños, o poemas como la letrilla Poderoso caballero es don dinero o el Salmo XVII («Miré los muros de la patria mía…»), pero a esas obras les hacen compañía en el eterno tiempo de los clásicos el jolgorio de toda su poesía satírica completa, la bilis de sus opúsculos, como el que escribió contra la canonización de Teresa de Jesús (Su espada por Santiago), la perpetua mofa y befa del estilo gongorino (La culta latiniparla) o este Gracias y desgracias del ojo del culo que sujetas en las manos, que miras y que te mira, y que hemos dado a la imprenta en una edición limpia de cascarrias, higiénicamente ilustrada por José María Lema y con un prólogo hecho al ojete por José Luis Cuerda. Una edición pensada especialmente para el lector sin escrúpulos del siglo XXI.

miércoles, septiembre 23, 2015

Poema: Francisco de Quevedo

Poderos caballero es don Dinero

Madre, yo al oro me humillo, 
él es mi amante y mi amado, 
pues de puro enamorado 
anda continuo amarillo.(1)                    
Que pues doblón(2) o sencillo 
hace todo cuanto quiero, 
poderoso caballero 
es don Dinero.

Nace en las Indias honrado,(3) 
Retrato de Francisco de Quevedo,
Instituto Valencia de Don Juan, Madrid.
Atribuido a Juan van der Hammen o
al taller Velázquez, a partir de original
de Velázquez

donde el mundo le acompaña; 
viene a morir en España, 
y es en Génova enterrado.(4) 
Y pues quien le trae al lado 
es hermoso, aunque sea fiero, 
poderoso caballero 
es don Dinero.

Es galán, y es como un oro;
tiene quebrado el color;
persona de gran valor,
tan cristiano como moro.
Pues que da y quita el decoro
y quebranta cualquier fuero,
poderoso caballero 
es don Dinero.

Son sus padres principales, 
y es de nobles descendiente, 
porque en las venas de Oriente 
todas las sangres son Reales. 
Y pues es quien hace iguales 
al rico y al pordiosero, 
poderoso caballero 
es don Dinero.

¿A quién no le maravilla 
ver en su gloria, sin tasa, 
que es lo más ruin de su casa 
doña Blanca de Castilla? 
Mas pues que su fuerza humilla 
al cobarde y al guerrero, 
poderoso caballero 
es don Dinero.

Sus escudos de armas nobles
son siempre tan principales,
que sin sus escudos reales(5)
no hay escudos de armas doble.
Y, pues a los mismos robles
da codicia su minero,
poderoso caballero 
es don Dinero.

Por importar en los tratos
y dar tan buenos consejos
en las casas de los viejos
gatos le guardan de gatos.
Y, pues él rompe recatos
y ablanda al juez más severo,
poderoso caballero
es don Dinero

Y es tanta su majestad, 
aunque son sus duelos hartos, 
que aun con estar hecho cuartos(6)
no pierde su calidad. 
Pero pues da autoridad 
al gañán y al jornalero, 
poderoso caballero 
es don Dinero.

Más valen en cualquier tierra 
(mirad si es harto sagaz) 
sus escudos en la paz 
que rodelas en la guerra. 
Pues al natural destierra 
y hace propio al forastero, 
poderoso caballero 
es don Dinero.
Francisco de Quevedo, Primera parte de las flores de poetas ilustres de España, 1605
____________
(1) Se decía que los enamorados se ponía amarillos.
(2) Moneda de la época.
(3) Alude al oro llegado de América.
(4) Carlo V pagaba sus deudas a los banquero genoveses con el oro venido de América.
(5) El escudo era una moneda y también un escudo nobiliario.
(6) Cuartos: dinero y cuartos: trozos.

domingo, junio 21, 2015

Poema: Mire los muros

 Miré los muros
  Miré los muros de la patria mía,
si un tiempo fuertes ya desmoronados
de la carrera de la edad cansados
por quien caduca ya su valentía.

  Salíme al campo: vi que el sol bebía         
los arroyos del hielo desatados,
y del monte quejosos los ganados
que con sombras hurtó su luz al día.

  Entré en mi casa: vi que amancillada
de anciana habitación era despojos,             
mi báculo más corvo y menos fuerte.

  Vencida de la edad sentí mi espada,
y no hallé cosa en que poner los ojos
que no fuese recuerdo de la muerte.
Francisco de Quevedo 
Francisco Gómez de Quevedo Villegas y Santibáñez Cevallos, recordado tanto por su impecable uso de la lengua como por su fuerte y controversial personalidad, Francisco de Quevedo nació en Madrid en 1580 y falleció en Villanueva de los Infantes en 1645. Este escritor, a quien el sabio humanista Justo Lipsio describió como la "gloria excelsa de los españoles", llevó una vida tan productiva literariamente como turbulenta en el ámbito social y político. Fue de trascendente fama su rivalidad con Luis de Góngora, objeto de muchas de sus obras satíricas, siendo especialmente recordado su Soneto y A un hombre de gran nariz. Estudió varios idiomas, que aprovechó tanto para la traducción de obras extranjeras como para su propia producción.
Su obra abarcó todos los géneros literarios de su época. Así, tenemos sus escritos burlescos, pero también poemas en que vemos reflejadas sus ideas, y otros, de amor, que se ven ensombrecidos por su obsesión con el paso del tiempo y la muerte. Su estilo es complejo pero sin dejar en segundo plano la belleza; Sermón estoico de censura moral es un claro ejemplo de la maestría de este poeta. Pero también dejó su huella en la narrativa, donde destacan La cuna y la sepultura y su novela picaresca Historia de la vida del Buscón, llamado don Pablos, publicada en forma clandestina durante mucho tiempo.

miércoles, junio 03, 2015

Poesía: Francisco de Quevedo

Amor constante más allá de la muerte

Cerrar podrá mis ojos la postrera
sombra que me llevare el blanco día,
y podrá desatar esta alma mía
hora, a su afán ansioso lisonjera;

mas no, de esotra parte, en la ribera
dejará la memoria, en donde ardía:
nadar sabe mi llama la agua fría,
y perder el respeto a ley severa.

Alma, a quien todo un dios prisión ha sido,
venas, que humor a tanto fuego han dado,
médulas, que han gloriosamente ardido,

su cuerpo dejará, no su cuidado;
serán ceniza, mas tendrá sentido;
polvo serán, mas polvo enamorado.
Francisco de Quevedo
edición de J. M. Blecua
 El más hermoso de toda la poesía española, al decir apasionado de Dámaso Alonso.