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domingo, marzo 06, 2016

Arte: Giovanni Battista Gaulli (Il Baccicio)

Giovanni Battista Gaulli (8 de mayo de 1639- 2 de abril de 1709), también conocido con los nombres de Baciccio, Il Baciccio o Baciccia (todos hipocorísticos genoveses para Giovanni Battista) fue un pintor italiano barroco tendente al rococó. Es conocido sobre todo por su fresco de bóveda ilusionista, grandioso, influido por Gianlorenzo Bernini, en la iglesia del Gesù en Roma.
Triunfo de la orden franciscana. Fresco.  Iglesia de los Santos Apóstoles, Roma, Italia
La Veneración del Santo Nombre de Jesús, con Gianlorenzo Bernini.
Fresco. en el techo de la nave de la Iglesia del Gesù en Roma, Italia
Pietà, 1667. Óleo sobre lienzo. Galleria Nazionale d'Arte Antica, Roma, Italia
La beata Ludovica Albertoni repartiendo limosnas, circa 1670-1671. Colección privada, Genova
Baco y Ariadna, circa 1675. Óleo sobre lienzo. Fundação Cultural Ema Gordon Klabin, São Paulo, Brasil
 Gian Lorenzo Bernini, 1665. Óleo sobre lienzo. Galleria Nazionale d'Arte Antica, Roma, Italia
Cardenal Leopoldo de Medici, circa 1667. Óleo sobre lienzo.  Galleria degli Uffizi, Florencia, Italia
La ascensión de Nuestra Señora, entre 1660 y 1709. Óleo sobre lienzo.
Museu da Casa Brasileira, São Paulo, Brasil

domingo, noviembre 22, 2015

Mitos: La sibila de Cumas

En la mitología griega, la Sibila de Cumas era natural de Eritras, ciudad importante de Jonia (en la costa oeste de la actual Turquía). Su padre era Teodoro y su madre una ninfa. Se cuenta de ella que nació en una gruta del monte Córico. Nació con el don de la profecía y hacía sus predicciones en verso. Se la conocía como Sibila de Cumas porque pasó la mayor parte de su vida en esta ciudad situada en la costa de Campania (Italia).
Michelangelo Buonarroti: La Sibila de Cumas, detalle de la Capilla Sixtina.
Fresco. Vaticano, Roma, Italia 
En la Antigüedad se la consideró como la más importante de las diez sibilas conocidas. A ésta se la llamaba también Deífoba, palabra que significa deidad o forma de dios. Apolo era el dios que inspiraba las profecías de las sibilas y prometió que concedería un deseo a la sibila de Cumas. Ella cogió un puñado de arena en su mano y pidió vivir tantos años como partículas de tierra había cogido; pero se le olvidó pedir la eterna juventud, así es que con los años empezó a consumirse tanto que tuvieron que encerrarla en una jaula que colgaron del templo de Apolo en Cumas. La leyenda dice que vivió nueve vidas humanas de 110 años cada una.
También se cuenta de ella - y así lo recoge la Eneida - que en una ocasión guioó por el Hades a Eneas, príncipe troyano, para que visitara a su padre Anquises.
Anónimo: Eneas y la Sibila, circa 1800. Óleo sobre lienzo. Centro Yale
para el Arte británico, Yale University, New Haven, Conneticut, Estados Unidos
En otra ocasión, la Sibila se presentó ante el rey romano Tarquinio el Soberbio como una mujer muy anciana y le ofreció nueve libros proféticos a un precio extremadamente alto. Tarquino se negó pensando en conseguirlos más baratos y entonces la sibila destruyó tres de los libros. A continuación le ofreció los seis restantes al mismo precio que al principio; Tarquinio se negó de nuevo y ella destruyó otros tres. Ante el temor de que desaparecieran todos, el rey aceptó comprar los tres últimos pero pagó por ellos el precio que la sibila había pedido por los nueve. Estos tres libros fueron guardados en el templo de Júpiter y eran consultados en situaciones muy especiales. 
Claude Gellée: La Sibila acompaña a Eneas a los infiernos, circa 1673.
Pluma sobre papel. Museo del Luvre, París, Francia
En 83 a. C. el fuego destruyó los llamados Libros Sibilinos originales y hubo que formar una nueva colección que no ha llegado hasta nuestros días porque en 405 el general romano Estilicón, ordenó su destrucción. Estos libros ejercieron gran influencia en la religión romana hasta el reinado de Augusto.

Mitos: Eneas, origen de un imperio (II)

(cont.)
Luego se dirigió a Sicilia. Allí Eneas fue acogido por Acestes y recogió a uno de los marinos de Odiseo, Aqueménides.
Cerca de la costa de Lucania, uno de los hombres de Eneas, Palinuro, se durmió y cayó al agua. Consiguió nadar hasta la playa, pero fue muerto por los lucanios. El monte Palinuro debe su nombre a este personaje.
Eneas y la sibila de Cumas
Cerca de Cumas, en la costa oeste de Italia, Eneas se encontró con la sibila, una profetisa que vigilaba una cueva que llevaba a los infiernos. Esta le llevó hasta allí y le mostró una visión del futuro de la ciudad de Roma y las muchas generaciones de romanos que un día nacerían. 
François Perrier: Eneas ante la Sibila de Cumas, circa 1646. Óleo sobre Lienzo.
Museo Nacional, Varsovia, Polonia
Eneas en el Lacio
El viaje continuó hasta llegar a Laurentio, en la costa del Lacio, en la península Itálica. Después remontó el río Álbula (que más tarde sería llamado Tíber) y llegó hasta un poblado llamado Palanteo que estaba emplazado en el lugar que con el tiempo sería conocido como el Palatino y, en la actualidad, como Lacio. La región era gobernada por Latino, rey de los latinos e hijo de Fauno
Bartolomeo Pinelli: Eneas y dios Tiber, antes de 1835.  Grabado coloreado.
Publicado en 1880.
Latino tenía una hija llamada Lavinia a la que los oráculos de Latino y el mismo Fauno habían prohibido que se casase con los pretendientes de la región, pues iba a llegar un extranjero que era el destinado a ser su esposo y señorear en el Lacio. La diosa Fama esparció rápidamente el rumor de la profecía, a pesar de que según versiones, Latino se empeñaba en mostrarse reservado.
Luca Giordano: Eneas mata a Turno, siglo XVII. Óleo sobre lienzo.
Galería Corsini, Florecia, Italia
Cuando Eneas llegó, Turno, según versiones rey de los rútulos y primo de Lavinia (además de su pretendiente) se aprestó a hacerle la guerra. Buscó la alianza de Latino y éste se la negó o aceptó según las versiones. Luego buscó la alianza de Mezencio, rey de los etruscos, quien no veía bien el creciente poder de la liga latina, además buscó la alianza de Diomedes, ex rey de Argos, pero éste se negó. Eneas, por su parte, tomó como aliado al rey Evandro.
Con la ayuda de Venus, el médico Lápix cura a Eneas de una herida recibida en Italia durante la lucha del héroe contra Turno, el rey de los rútulos. Fresco. Museo Arqueológico Nacional, Nápoles, Italia
Se emprende el combate; entre los muertos vale destacar a Mezencio (traicionado por sus propios súbditos por tirano) y Palante, hijo de Evandro. Además los rútulos intentaron quemar las naves de los dardanios, pero Júpiter a ruego de Ops - o la misma Ops, según versiones - las metamorfoseó en Ninfas de las aguas. Muerto Turno, cae Ardea, ciudad poderosa mientras él vivía; de las cenizas surgió el ave ardea. Entonces Eneas se casa con Lavinia y tienen un hijo, Silvio.
Añadidos y versiones posteriores cuentan que Eneas y Lavinia acogieron a la hermana de Dido, Anna Perenna, que se suicidó a causa de los celos de Lavinia. Según estas versiones posteriores, Eneas murió en el primer combate y fue enterrado a orillas del río Numicio y en adelante recibió culto bajo el nombre de Júpiter Índiges.

sábado, noviembre 21, 2015

Mitos: Eneas, origen de un imperio (I)

La fundación de Roma como fuerza política y geográfica se inició cuando el joven Eneas, príncipe de Troya, abandonó la ciudad y emprendió un largo viaje. Tras muchas aventuras llego a Italia, en la que tomó el mando de la zona del Lacio, junto al río Tiber, donde fundaría una ciudad e inició el largo linaje de reyes y emperadores romanos. Toda su vida estuvo influenciada por las luchas de Venus, su madre, y la diosa Juno.
Era hijo del príncipe Anquises -descendiente de la raza de Dárdano-, y de la diosa Afrodita (Venus en la mitología romana); su padre era además primo del rey Príamo de Troya. Eneas nació en el monte Ida. Su madre lo confió a las ninfas y al centauro Quirón, quienes lo criaron en la escuela del centauro en el monte y después lo devolvieron a su padre cuando tenía cinco años. Anquises llevó a su hijo a la ciudad, a casa de su cuñado Alcátoo, para que lo educase.
Se casó con Creúsa, una de las hijas de Príamo, con la cual tuvo un hijo, llamado Ascanio o Iulo
Causada por el rapto de Helena, mujer de extraordinaria belleza y esposa de Menelao, rey de Esparta, la Guerra de Troya puso en escena a ilustres héroes troyanos, como Héctor, y griegos, como Áyax el Grande, Aquiles y el célebre Odiseo (Ulises), hijo de Laertes y rey de Ítaca.
Eneas se convirtió en el más valeroso de los héroes troyanos, después de Héctor. En los combates que tuvieron lugar durante la Guerra de Troya, se vio auxiliado y favorecido en varias ocasiones por algunos dioses, según cuenta la narración de Homero: fue herido por Diomedes pero su madre Afrodita lo salvó. En la acción posterior la propia Afrodita fue herida por Diomedes. Apolo envolvió a Eneas en una nube y lo transportó a Pérgamo, donde fue curado por Artemisa y por Leto. Posteriormente Eneas estuvo a punto de ser nuevamente herido por Aquiles y fue nuevamente salvado por un dios, Poseidón.
En dos poemas perdidos del Ciclo Troyano, se ofrecían versiones diferentes acerca del destino de Eneas tras la caída de Troya: en la Pequeña Ilíada, Eneas fue parte del botín de Neoptólemo, el hijo de Aquiles y, tras la muerte de éste en Delfos, Eneas recobraba su libertad; sin embargo, en la Iliupersis, Eneas lograba escapar. Este último poema debió de constituir una de las fuentes principales de la tradición latina acerca de la fundación de Roma.
Eneas abandona Troya
Existían dos profecías sobre Eneas que él conocía: que fundaría una ciudad y que destruiría la ciudad de Cartago, ciudad del norte de África
En la tradición romana, las aventuras y sucesos posteriores a la guerra de Troya son narrados, entre otros, por el poeta romano Virgilio, en su Eneida, que era poeta oficial de Augusto.
Eneas llevando a Anquises, enócoe de figuras negras, hacia 520-510 a. C.
Cerámica, Museo del Louvre, París, Francia
Cuando Troya cayó en poder de los aqueos gracias a la célebre astucia de Odiseo, Afrodita dijo a su hijo que huyera de la ciudad, que no muriera como un buen troyano, pues Troya ya no existía y para él se había reservado otro futuro. Eneas huyó con su padre Anquises, su esposa Creúsa (a la que tuvo que abandonar por orden de los dioses o, según otra tradición, porque se perdió) y su hijo Iulo (también llamado Ascanio). Decidió irse llevándose con él a un grupo de seguidores. Entre los compañeros troyanos que huyeron con él, destacaban AcatesSergesteAcmón, el corneta Miseno y el médico Iapix. Se llevó también los Lares, los Penates así como, según algunas tradiciones, el Paladio.
Federico Barocci: Eneas saliendo de Troya, 1598. Óleo sobre lienzo.
Galleria Borghese, Roma, Italia
Eneas se dirigió con su grupo de troyanos en veinte naves a Macedonia. Posteriormente, cruzo el Egeo y las Islas Jónicas, llegó a Sicilia, hogar de los Cíclopes, una raza de gigantes de un solo ojo. Los marineros pudieron escapar con vida. Viajaron al sur, pero Juno los hizo naufragar en la costa del norte de África, porque intentaba proteger a la ciudad de Cartago. 
Giovanni Battista Tiepolo: Venus abandona a Eneas en las orillas de Libia, 1757.
Fresco. Valmarana, Vicenza, Italia.
Tras todas estas vicisitudes, llegó, con solamente siete naves, a Cartago, donde la reina Dido se enamoró de él. Pero por orden de Júpiter abandonó Cartago, y por ello la reina se suicidó. Más tarde, cuando Eneas descendió al Averno, trató de hablar con Dido, pero su fantasma se negó a perdonarlo. Las imprecaciones que formula Dido durante la partida de Eneas son reminiscencia de la llegada de Aníbal y de las guerras Púnicas. (Ver entradas Dido y Eneas I y II, en este mismo blog, de 15 de noviembre de 2015)
Grupo escultórico de Eneas, con su padre y su hijo. Mármol.
Mérida
__________
Enócoe: En Grecia Antigua, un enócoe, oinochoe o oenochoe es una jarra de vino que sirve para sacar el vino de una crátera —donde ha sido aguado— antes de servirlo.
Lares: Los Lares eran deidades romanas hijos de Lara (o Larunda), una de las náyades, y el dios Mercurio (algunas fuentes mencionan a Júpiter), cuyo origen se encuentra en los cultos etruscos a los dioses familiares.
Paladio: El Paladio o Paladión (del griego: Palládion), en la mitología grecorromana, era una estatua arcaica de madera que representaba a Atenea y se conservaba en Troya desde los tiempos de su fundación. Se decía que la estatua medía tres codos de altura, tenía los pies juntos, una lanza en la mano derecha y una rueca con un huso en la izquierda.
Penates: Eran, en la mitología romana, originalmente genios protectores del almacén del hogar. Posteriormente, se convierten en dioses de los hogares brindando protección a toda la casa (penates familiares o menores), existiendo también los protectores del estado (penates públicos o mayores). Estaban emparentados con los Lares, Genios y Larvae.

jueves, septiembre 10, 2015

Mitos: Deméter y Perséfone (III)

(cont.)
Nicollo dell'Abbate: Rapto de Prosérpina, 1560. 
Museo del Louvre. París, Francia
Luca Giordano: El rapto de Perséfone, 1684-1686. Fresco.
Palazzo Medici-Riccardi, Florencia, Italia
Frederic Leighton: El regreso de Perséfone, 1891.
Óleo sobre lienzo, Leeds Museums and Galleries, Leeds, Reino Unido
Luca Giordano: Rapto de Proserpina por Plutón
Hans von Aachen: El rapto de Proserpina, 1587.
Museo Nacional de Brukenthal, Rumania
Giovanni Battista Gaulli,  El Baciccio:  El rapto de Perséfone.
Colección privada
Theodore van Thulden: El rapto de Perséfone
Joseph Heintz. El viejo: El rapto de Perséfone, 1595. 
Simone Pignoni: La violación de Proserpina.
Museo de Bellas Artes, Nancy, Francia
Paul Cézanne: El rapto de Perséfone, 1867. Óleo sobre lienzo.
 Fitzwilliam Museum. Cambridge, Reino Unido

miércoles, septiembre 09, 2015

Mito: Deméter y Perséfone (II)

El rapto de Pérsefone en el arte
Rapto de Perséfone (detalle). 340 a. C. Fresco en una
 cámara sepulcral. Vegina, al norte de Grecia
Rapto de Perséfone. 340 a. C. Fresco en una
 cámara sepulcral. Vegina, al norte de Grecia
Pintura hallada en la Tumba de Eurídice, que representa el rapto de 
Perséfone por Hades, 340 a. C. Pintura sobre mármol. Vegina, Grecia
Rembrandt Harmenszoon van Rijn: El rapto de Proserpina
Sarcófago romano con la representación del rapto de Proserpina.
Siglo II d. C.  Museo de Arqueología de Cataluña, Barcelona, España
El rapto de Proserpina. Sarcófago del siglo II. Museo Hermitage.
San Petersburgo, Rusia.
Rapto de Prosepina, en San Agustní, La Cité de Dieu (Vol. I). Paris,
Maïtre François (illuminator); c. 1475; 
Giorgio Vasari: Deméter busca a Proserpina, 1555.
Palacio Vecchio, Sala de Ceres, Florencia, Italia
Luca Signorelli: Demeter desesperada busca a Proserpina, mientras
Cupido le muestra el rastro de Plutón
. Duomo (Catedral) de Orvieto, Italia
Hades y Perséfone. Fresco de la tumba etrusca del Orco.
Tarquinia. Siglo IV a. C.
(cont.)

martes, septiembre 08, 2015

Mito: Deméter y Perséfone (I)

Hija de Cronos y Rea, Deméter es la diosa griega de la agricultura (en la mitología romana se le asimiló a Ceres), nutricia pura de la tierra verde y joven, ciclo vivificador de la vida y la muerte, y protectora del matrimonio y la ley sagrada. Solo tenía una hija, Perséfone (su igual entre entre los romanos fue Proserpina), de la cual se dice que nación de un romance con Zeus. La bella Perséfone no pensaba en el amor o el matrimonio, ya que estaba demasiado ocupada ayudando a su madre a recoger las cosechas cada año. 
Busto de Deméter, siglo IV a. C. Mármol, copia romana de un original griego.
Museo Nazionale Romano-Palazzo Altemps, Roma, Italia
Se la veneraba como la «portadora de las estaciones» en un himno homérico, un sutil signo de que era adorada mucho antes de la llegada de los olímpicos. El himno homérico a Deméter ha sido datado sobre el siglo VII a. C. Junto a su hija Perséfone eran los personajes centrales de los misterios eleusinos que también precedieron al panteón olímpico.
Relieve votivo de Deméter y Perséfone (Coré) celebrando los misterios
eleusinos cuando la primera entrega a Triptólemo gavillas de trigo para que
 enseñe la agricultura a la humanidad
, entre 440-430 a. C.
 Mármol pantélico. Museo Arqueológico Nacional de Atenas, Grecia
Pero sucedió que Hades, el dios del infierno, se enamoró de Perséfone y quiso llevársela  a los infiernos con él, entonces el orden natural de las cosas se vio alterado. El dios sabía que si le pedía permiso a Deméter se lo negaría, porque la diosa de la tierra necesitaba que su hija le ayudara a hacer fértiles las plantas.
Dante Gabriel Rossetti: Prosepina , 1874.
Óleo sobre lienzo. Tate Britain, Londres, Reino Unido
Un día, Hades esperó hasta que Perséfone estuviera sola recogiendo flores y abrió un agujero en la tierra delante de ella. Hades consiguió salir del agujero y atrapó a la asombrada Perséfone para llevársela a los infiernos.
Bernini: El rapto de Proserpina, 1621-1622. Mármol.
Galleria Borghese, Villa Borghese, Roma, Italia
Cuando supo que su hija había desaparecido, Deméter se afligió. Habiendo tomado la forma de una mujer anciana llamada Doso, buscó a Perséfone por todo el mundo hasta que llegó a Eleusis, donde exhausta descansó sobre un bloque de piedra que desde entonces se conoció como la Piedra sin Alegría
Pedro Pablo Rubens: El rapto de Proserpina, 1636-1637. Óleo sobre lienzo.
Museo Nacional del Prado, Madrid, España
Como la atención de Deméter estaba en otro lugar, no se pudieron recoger las cosechas, y todas las plantas de la tierra empezaron a secarse y morir. Zeus se dio cuenta que si las cosas seguían de aquella forma, la tierra y sus habitantes pronto morirían, pero Hades no quería entregar a Perséfone, por lo que Zeus se comprometió a que Perséfone pasara la mitad del año en la tierra (el origen de la primavera), ayudando a su madre a cultivar y recoger las plantas, y la otra mitad en los infiernos con Hades, lo que provocaría que en la tierra hubiera invierno, una muerte temporal.
El templo de Eleusis
La diosa Deméter fundó un templo para su hija Perséfone en Eleusis, cerca de Atenas, que se convirtió en el centro de un culto religiosos ideado para unir a toda la raza humana. Culaquier hablante de griego, hombre o mujer, libre o esclavo, se podía iniciar en los misterios de Eleusis. Estos ritos tenían lugar en otoño y celebraban el nacimiento del milagrosos hijo de Perséfone en los infiernos, Brimos, el Fuerte.