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sábado, noviembre 21, 2015

Mitos: Eneas, origen de un imperio (I)

La fundación de Roma como fuerza política y geográfica se inició cuando el joven Eneas, príncipe de Troya, abandonó la ciudad y emprendió un largo viaje. Tras muchas aventuras llego a Italia, en la que tomó el mando de la zona del Lacio, junto al río Tiber, donde fundaría una ciudad e inició el largo linaje de reyes y emperadores romanos. Toda su vida estuvo influenciada por las luchas de Venus, su madre, y la diosa Juno.
Era hijo del príncipe Anquises -descendiente de la raza de Dárdano-, y de la diosa Afrodita (Venus en la mitología romana); su padre era además primo del rey Príamo de Troya. Eneas nació en el monte Ida. Su madre lo confió a las ninfas y al centauro Quirón, quienes lo criaron en la escuela del centauro en el monte y después lo devolvieron a su padre cuando tenía cinco años. Anquises llevó a su hijo a la ciudad, a casa de su cuñado Alcátoo, para que lo educase.
Se casó con Creúsa, una de las hijas de Príamo, con la cual tuvo un hijo, llamado Ascanio o Iulo
Causada por el rapto de Helena, mujer de extraordinaria belleza y esposa de Menelao, rey de Esparta, la Guerra de Troya puso en escena a ilustres héroes troyanos, como Héctor, y griegos, como Áyax el Grande, Aquiles y el célebre Odiseo (Ulises), hijo de Laertes y rey de Ítaca.
Eneas se convirtió en el más valeroso de los héroes troyanos, después de Héctor. En los combates que tuvieron lugar durante la Guerra de Troya, se vio auxiliado y favorecido en varias ocasiones por algunos dioses, según cuenta la narración de Homero: fue herido por Diomedes pero su madre Afrodita lo salvó. En la acción posterior la propia Afrodita fue herida por Diomedes. Apolo envolvió a Eneas en una nube y lo transportó a Pérgamo, donde fue curado por Artemisa y por Leto. Posteriormente Eneas estuvo a punto de ser nuevamente herido por Aquiles y fue nuevamente salvado por un dios, Poseidón.
En dos poemas perdidos del Ciclo Troyano, se ofrecían versiones diferentes acerca del destino de Eneas tras la caída de Troya: en la Pequeña Ilíada, Eneas fue parte del botín de Neoptólemo, el hijo de Aquiles y, tras la muerte de éste en Delfos, Eneas recobraba su libertad; sin embargo, en la Iliupersis, Eneas lograba escapar. Este último poema debió de constituir una de las fuentes principales de la tradición latina acerca de la fundación de Roma.
Eneas abandona Troya
Existían dos profecías sobre Eneas que él conocía: que fundaría una ciudad y que destruiría la ciudad de Cartago, ciudad del norte de África
En la tradición romana, las aventuras y sucesos posteriores a la guerra de Troya son narrados, entre otros, por el poeta romano Virgilio, en su Eneida, que era poeta oficial de Augusto.
Eneas llevando a Anquises, enócoe de figuras negras, hacia 520-510 a. C.
Cerámica, Museo del Louvre, París, Francia
Cuando Troya cayó en poder de los aqueos gracias a la célebre astucia de Odiseo, Afrodita dijo a su hijo que huyera de la ciudad, que no muriera como un buen troyano, pues Troya ya no existía y para él se había reservado otro futuro. Eneas huyó con su padre Anquises, su esposa Creúsa (a la que tuvo que abandonar por orden de los dioses o, según otra tradición, porque se perdió) y su hijo Iulo (también llamado Ascanio). Decidió irse llevándose con él a un grupo de seguidores. Entre los compañeros troyanos que huyeron con él, destacaban AcatesSergesteAcmón, el corneta Miseno y el médico Iapix. Se llevó también los Lares, los Penates así como, según algunas tradiciones, el Paladio.
Federico Barocci: Eneas saliendo de Troya, 1598. Óleo sobre lienzo.
Galleria Borghese, Roma, Italia
Eneas se dirigió con su grupo de troyanos en veinte naves a Macedonia. Posteriormente, cruzo el Egeo y las Islas Jónicas, llegó a Sicilia, hogar de los Cíclopes, una raza de gigantes de un solo ojo. Los marineros pudieron escapar con vida. Viajaron al sur, pero Juno los hizo naufragar en la costa del norte de África, porque intentaba proteger a la ciudad de Cartago. 
Giovanni Battista Tiepolo: Venus abandona a Eneas en las orillas de Libia, 1757.
Fresco. Valmarana, Vicenza, Italia.
Tras todas estas vicisitudes, llegó, con solamente siete naves, a Cartago, donde la reina Dido se enamoró de él. Pero por orden de Júpiter abandonó Cartago, y por ello la reina se suicidó. Más tarde, cuando Eneas descendió al Averno, trató de hablar con Dido, pero su fantasma se negó a perdonarlo. Las imprecaciones que formula Dido durante la partida de Eneas son reminiscencia de la llegada de Aníbal y de las guerras Púnicas. (Ver entradas Dido y Eneas I y II, en este mismo blog, de 15 de noviembre de 2015)
Grupo escultórico de Eneas, con su padre y su hijo. Mármol.
Mérida
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Enócoe: En Grecia Antigua, un enócoe, oinochoe o oenochoe es una jarra de vino que sirve para sacar el vino de una crátera —donde ha sido aguado— antes de servirlo.
Lares: Los Lares eran deidades romanas hijos de Lara (o Larunda), una de las náyades, y el dios Mercurio (algunas fuentes mencionan a Júpiter), cuyo origen se encuentra en los cultos etruscos a los dioses familiares.
Paladio: El Paladio o Paladión (del griego: Palládion), en la mitología grecorromana, era una estatua arcaica de madera que representaba a Atenea y se conservaba en Troya desde los tiempos de su fundación. Se decía que la estatua medía tres codos de altura, tenía los pies juntos, una lanza en la mano derecha y una rueca con un huso en la izquierda.
Penates: Eran, en la mitología romana, originalmente genios protectores del almacén del hogar. Posteriormente, se convierten en dioses de los hogares brindando protección a toda la casa (penates familiares o menores), existiendo también los protectores del estado (penates públicos o mayores). Estaban emparentados con los Lares, Genios y Larvae.

domingo, noviembre 15, 2015

Mitos: Dido y Eneas (II)

(cont.)
Dido y Enes en la música
Dido y Eneas (título original en inglés, Dido and Aeneas) es una ópera en tres actos con música de Henry Purcell y libreto en inglés del dramaturgo y poeta Nahum Tate (1652-1715), basado en su tragedia Brutus of Alba or The Enchanted Lovers y en el canto IV de la Eneida de Virgilio. Fue compuesta en 1682.
Banqueta de Dido y Eneas
Relata la historia de amor entre Dido, reina de Cartago y el héroe troyano Eneas, y su desesperación cuando la abandona. Una obra monumental en la ópera barroca, se recuerda como una de las más destacadas obras teatrales de Purcell. Dido y Eneas fue la primera ópera de Purcell. Se encuentra entre las primeras óperas inglesas, y debe mucho a Venus y Adonis, ópera de John Blow, tanto en estructura como en el efecto general.
Es una de las óperas más importantes del Barroco, y está considerada como la primera ópera nacional inglesa. Puede considerarse como la única ópera -en el sentido estricto del género- verdadera de Purcell, si se compara con otras obras como El rey Arturo (1691) o La reina de las hadas (1692), que responden al perfil de semióperas. Dido y Eneas es uno de los dramas más conocidos de Purcell y quizás de toda la producción inglesa.
La primera representación fue en la escuela de muchachas de Josias Priest en Londres no más tarde del verano de 1688. El estreno comercial fue en Londres a principios de 1700.
El lamento que Dido canta al morir, When I am laid in earth (Cuando yazca en la tierra), es uno de los momentos más hermosos y célebres de la historia de la ópera:
Aria:
When I am laid, am laid in earth, May my wrongs create
No trouble, no trouble in thy breast;
Remember me, but ah! forget my fate,
Remember me, remember me, but ah! forget my fate.

Traducción:
Cuando yazca, yazca en la tierra, que mis errores
no causen cuitas a tu pecho; 
Recuérdame, pero ¡ah! olvida mi destino; 
Recuérdame, recuérdame, pero ¡ah! olvida mi destino.

Mitos: Dido y Eneas (I)

Huidos de una patria arrasada, los troyanos llegan a Cartago desviados de su rumbo hacia Italia a causa de la tempestad provocada por la diosa Juno. Allí los recibe su reina, Dido, a quien el caudillo Eneas solicita hospitalidad. Venus (Afrodita) –madre del héroe–, para que ésta acceda y no lo traicione, envía a Cupido con la misión de que la enamore de Eneas. Dido había jurado mantenerse fiel a su difunto marido Siqueo, pero nada puede hacer alentada por su hermana Ana y rendida por la intervención de Cupido (que se se sienta en su regazo adoptando la forma de Ascanio –hijo de Eneas– para poder clavarle sus flechas).
Pierre-Narcisse Guérin: Eneas contándole a Dido las desgracias de Troya, 1815.
Óleo sobre lienzo. Museo del Louvre, París, Francia
A instancias de Juno, Venus acuerda con ella propiciar que Dido y Eneas se casen y reinen juntos en Cartago. Juno así lo desea por el rencor que arrastra contra los troyanos desde el famoso juicio de Paris y la Guerra de Troya (de este modo se vengaría consiguiendo que Eneas nunca llegue a fundar la que en el futuro será la gloriosa estirpe romana). Venus, sabiendo cuál es el verdadero destino de su hijo, finge aceptar el trato para que los favores de Dido allanen el reavituallamiento de la flota troyana. 
Dido y Eneas, 10 a. C.-45 d. C. Fresco romano.
Pompeya, Italia
Así pues, Juno manipula los acontecimientos para que en Cartago se organice una cacería, durante la cual desata una tormenta que obliga a Dido y a Eneas a cobijarse en una cueva. Esa noche yacen juntos, momento a partir del cual se solazan largamente en los placeres del amor. Ante el retraso que ello ocasiona, Júpiter envía a Mercurio para que le recuerde a Eneas que no son esos los designios del hado, sino que debe partir hacia Italia. El héroe, pese al dolor que le ocasiona, obedece la voluntad divina y deja Cartago. Tremendamente desconsolada y ofendida, Dido intenta olvidarlo con ayuda de su hermana, pero no puede. Es por eso que decide suicidarse maldiciendo el abandono de Eneas. Desde ese momento arranca el histórico odio de Cartago hacia Roma.
Anónimo: Marcha de Eneas, siglo XIX. Óleo sobre lienzo.
En el posterior capítulo VI de la Eneida, cuando Eneas desciende al inframundo griego con ayuda de la Sibila de Cumas, la encuentra vagando por los Prados Asfódelos, entre los muertos por amor. Comprendiendo entonces que la reina había cometido suicidio a su partida, trata de explicarle con gran pesar que él no quería abandonarla, que los dioses habían labrado así su destino. Pero el fantasma de Dido parece no poder escucharle y continúa su absorto camino tras la sombra de Siqueo.
Otras representaciones artísticas
Sir Nathaniel Dance-Holland: Encuentro de Dido y Eneas. Óleo sobre lienzo.
Tate Britain, Londres, Reino Unido
Rutilio Manetti: Dido y Eneas, circa 1630. Óleo sobre lienzo.
Museo de Arte del Condado de los Ángeles, California, Estados Unidos
Conjunto de tapices sobre Dido y Eneas: Dido y Eneas huyen de la tormenta,
(detalle). Ayuntamiento de Nijmegen, Países Bajos (Holanda)
Conjunto de tapices sobre Dido y Eneas: Eneas se despide de Dido.
Ayuntamiento de Nijmegen, Países Bajos (Holanda)
Gerard or Gérard (de) Lairesse: Eneas en el banquete de Dido, 1669.
Colecciones estatales de pintura de Baviera
Jean-Bernard Restout: Salida de caza de Dido y Eneas, siglo XVIII. 
Karel Škréta: Dido y Eneas, circa1670. Óleo sobre lienzo.
Galeria Národni, Praga, República Checa
Pompeo Batoni: Dido y Eneas, 1747. Óleo sobre lienzo.
(cont.)