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domingo, noviembre 22, 2015

Mitos: Eneas, origen de un imperio (II)

(cont.)
Luego se dirigió a Sicilia. Allí Eneas fue acogido por Acestes y recogió a uno de los marinos de Odiseo, Aqueménides.
Cerca de la costa de Lucania, uno de los hombres de Eneas, Palinuro, se durmió y cayó al agua. Consiguió nadar hasta la playa, pero fue muerto por los lucanios. El monte Palinuro debe su nombre a este personaje.
Eneas y la sibila de Cumas
Cerca de Cumas, en la costa oeste de Italia, Eneas se encontró con la sibila, una profetisa que vigilaba una cueva que llevaba a los infiernos. Esta le llevó hasta allí y le mostró una visión del futuro de la ciudad de Roma y las muchas generaciones de romanos que un día nacerían. 
François Perrier: Eneas ante la Sibila de Cumas, circa 1646. Óleo sobre Lienzo.
Museo Nacional, Varsovia, Polonia
Eneas en el Lacio
El viaje continuó hasta llegar a Laurentio, en la costa del Lacio, en la península Itálica. Después remontó el río Álbula (que más tarde sería llamado Tíber) y llegó hasta un poblado llamado Palanteo que estaba emplazado en el lugar que con el tiempo sería conocido como el Palatino y, en la actualidad, como Lacio. La región era gobernada por Latino, rey de los latinos e hijo de Fauno
Bartolomeo Pinelli: Eneas y dios Tiber, antes de 1835.  Grabado coloreado.
Publicado en 1880.
Latino tenía una hija llamada Lavinia a la que los oráculos de Latino y el mismo Fauno habían prohibido que se casase con los pretendientes de la región, pues iba a llegar un extranjero que era el destinado a ser su esposo y señorear en el Lacio. La diosa Fama esparció rápidamente el rumor de la profecía, a pesar de que según versiones, Latino se empeñaba en mostrarse reservado.
Luca Giordano: Eneas mata a Turno, siglo XVII. Óleo sobre lienzo.
Galería Corsini, Florecia, Italia
Cuando Eneas llegó, Turno, según versiones rey de los rútulos y primo de Lavinia (además de su pretendiente) se aprestó a hacerle la guerra. Buscó la alianza de Latino y éste se la negó o aceptó según las versiones. Luego buscó la alianza de Mezencio, rey de los etruscos, quien no veía bien el creciente poder de la liga latina, además buscó la alianza de Diomedes, ex rey de Argos, pero éste se negó. Eneas, por su parte, tomó como aliado al rey Evandro.
Con la ayuda de Venus, el médico Lápix cura a Eneas de una herida recibida en Italia durante la lucha del héroe contra Turno, el rey de los rútulos. Fresco. Museo Arqueológico Nacional, Nápoles, Italia
Se emprende el combate; entre los muertos vale destacar a Mezencio (traicionado por sus propios súbditos por tirano) y Palante, hijo de Evandro. Además los rútulos intentaron quemar las naves de los dardanios, pero Júpiter a ruego de Ops - o la misma Ops, según versiones - las metamorfoseó en Ninfas de las aguas. Muerto Turno, cae Ardea, ciudad poderosa mientras él vivía; de las cenizas surgió el ave ardea. Entonces Eneas se casa con Lavinia y tienen un hijo, Silvio.
Añadidos y versiones posteriores cuentan que Eneas y Lavinia acogieron a la hermana de Dido, Anna Perenna, que se suicidó a causa de los celos de Lavinia. Según estas versiones posteriores, Eneas murió en el primer combate y fue enterrado a orillas del río Numicio y en adelante recibió culto bajo el nombre de Júpiter Índiges.

sábado, noviembre 21, 2015

Mitos: Eneas, origen de un imperio (I)

La fundación de Roma como fuerza política y geográfica se inició cuando el joven Eneas, príncipe de Troya, abandonó la ciudad y emprendió un largo viaje. Tras muchas aventuras llego a Italia, en la que tomó el mando de la zona del Lacio, junto al río Tiber, donde fundaría una ciudad e inició el largo linaje de reyes y emperadores romanos. Toda su vida estuvo influenciada por las luchas de Venus, su madre, y la diosa Juno.
Era hijo del príncipe Anquises -descendiente de la raza de Dárdano-, y de la diosa Afrodita (Venus en la mitología romana); su padre era además primo del rey Príamo de Troya. Eneas nació en el monte Ida. Su madre lo confió a las ninfas y al centauro Quirón, quienes lo criaron en la escuela del centauro en el monte y después lo devolvieron a su padre cuando tenía cinco años. Anquises llevó a su hijo a la ciudad, a casa de su cuñado Alcátoo, para que lo educase.
Se casó con Creúsa, una de las hijas de Príamo, con la cual tuvo un hijo, llamado Ascanio o Iulo
Causada por el rapto de Helena, mujer de extraordinaria belleza y esposa de Menelao, rey de Esparta, la Guerra de Troya puso en escena a ilustres héroes troyanos, como Héctor, y griegos, como Áyax el Grande, Aquiles y el célebre Odiseo (Ulises), hijo de Laertes y rey de Ítaca.
Eneas se convirtió en el más valeroso de los héroes troyanos, después de Héctor. En los combates que tuvieron lugar durante la Guerra de Troya, se vio auxiliado y favorecido en varias ocasiones por algunos dioses, según cuenta la narración de Homero: fue herido por Diomedes pero su madre Afrodita lo salvó. En la acción posterior la propia Afrodita fue herida por Diomedes. Apolo envolvió a Eneas en una nube y lo transportó a Pérgamo, donde fue curado por Artemisa y por Leto. Posteriormente Eneas estuvo a punto de ser nuevamente herido por Aquiles y fue nuevamente salvado por un dios, Poseidón.
En dos poemas perdidos del Ciclo Troyano, se ofrecían versiones diferentes acerca del destino de Eneas tras la caída de Troya: en la Pequeña Ilíada, Eneas fue parte del botín de Neoptólemo, el hijo de Aquiles y, tras la muerte de éste en Delfos, Eneas recobraba su libertad; sin embargo, en la Iliupersis, Eneas lograba escapar. Este último poema debió de constituir una de las fuentes principales de la tradición latina acerca de la fundación de Roma.
Eneas abandona Troya
Existían dos profecías sobre Eneas que él conocía: que fundaría una ciudad y que destruiría la ciudad de Cartago, ciudad del norte de África
En la tradición romana, las aventuras y sucesos posteriores a la guerra de Troya son narrados, entre otros, por el poeta romano Virgilio, en su Eneida, que era poeta oficial de Augusto.
Eneas llevando a Anquises, enócoe de figuras negras, hacia 520-510 a. C.
Cerámica, Museo del Louvre, París, Francia
Cuando Troya cayó en poder de los aqueos gracias a la célebre astucia de Odiseo, Afrodita dijo a su hijo que huyera de la ciudad, que no muriera como un buen troyano, pues Troya ya no existía y para él se había reservado otro futuro. Eneas huyó con su padre Anquises, su esposa Creúsa (a la que tuvo que abandonar por orden de los dioses o, según otra tradición, porque se perdió) y su hijo Iulo (también llamado Ascanio). Decidió irse llevándose con él a un grupo de seguidores. Entre los compañeros troyanos que huyeron con él, destacaban AcatesSergesteAcmón, el corneta Miseno y el médico Iapix. Se llevó también los Lares, los Penates así como, según algunas tradiciones, el Paladio.
Federico Barocci: Eneas saliendo de Troya, 1598. Óleo sobre lienzo.
Galleria Borghese, Roma, Italia
Eneas se dirigió con su grupo de troyanos en veinte naves a Macedonia. Posteriormente, cruzo el Egeo y las Islas Jónicas, llegó a Sicilia, hogar de los Cíclopes, una raza de gigantes de un solo ojo. Los marineros pudieron escapar con vida. Viajaron al sur, pero Juno los hizo naufragar en la costa del norte de África, porque intentaba proteger a la ciudad de Cartago. 
Giovanni Battista Tiepolo: Venus abandona a Eneas en las orillas de Libia, 1757.
Fresco. Valmarana, Vicenza, Italia.
Tras todas estas vicisitudes, llegó, con solamente siete naves, a Cartago, donde la reina Dido se enamoró de él. Pero por orden de Júpiter abandonó Cartago, y por ello la reina se suicidó. Más tarde, cuando Eneas descendió al Averno, trató de hablar con Dido, pero su fantasma se negó a perdonarlo. Las imprecaciones que formula Dido durante la partida de Eneas son reminiscencia de la llegada de Aníbal y de las guerras Púnicas. (Ver entradas Dido y Eneas I y II, en este mismo blog, de 15 de noviembre de 2015)
Grupo escultórico de Eneas, con su padre y su hijo. Mármol.
Mérida
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Enócoe: En Grecia Antigua, un enócoe, oinochoe o oenochoe es una jarra de vino que sirve para sacar el vino de una crátera —donde ha sido aguado— antes de servirlo.
Lares: Los Lares eran deidades romanas hijos de Lara (o Larunda), una de las náyades, y el dios Mercurio (algunas fuentes mencionan a Júpiter), cuyo origen se encuentra en los cultos etruscos a los dioses familiares.
Paladio: El Paladio o Paladión (del griego: Palládion), en la mitología grecorromana, era una estatua arcaica de madera que representaba a Atenea y se conservaba en Troya desde los tiempos de su fundación. Se decía que la estatua medía tres codos de altura, tenía los pies juntos, una lanza en la mano derecha y una rueca con un huso en la izquierda.
Penates: Eran, en la mitología romana, originalmente genios protectores del almacén del hogar. Posteriormente, se convierten en dioses de los hogares brindando protección a toda la casa (penates familiares o menores), existiendo también los protectores del estado (penates públicos o mayores). Estaban emparentados con los Lares, Genios y Larvae.

domingo, noviembre 15, 2015

Mitos: Dido y Eneas (II)

(cont.)
Dido y Enes en la música
Dido y Eneas (título original en inglés, Dido and Aeneas) es una ópera en tres actos con música de Henry Purcell y libreto en inglés del dramaturgo y poeta Nahum Tate (1652-1715), basado en su tragedia Brutus of Alba or The Enchanted Lovers y en el canto IV de la Eneida de Virgilio. Fue compuesta en 1682.
Banqueta de Dido y Eneas
Relata la historia de amor entre Dido, reina de Cartago y el héroe troyano Eneas, y su desesperación cuando la abandona. Una obra monumental en la ópera barroca, se recuerda como una de las más destacadas obras teatrales de Purcell. Dido y Eneas fue la primera ópera de Purcell. Se encuentra entre las primeras óperas inglesas, y debe mucho a Venus y Adonis, ópera de John Blow, tanto en estructura como en el efecto general.
Es una de las óperas más importantes del Barroco, y está considerada como la primera ópera nacional inglesa. Puede considerarse como la única ópera -en el sentido estricto del género- verdadera de Purcell, si se compara con otras obras como El rey Arturo (1691) o La reina de las hadas (1692), que responden al perfil de semióperas. Dido y Eneas es uno de los dramas más conocidos de Purcell y quizás de toda la producción inglesa.
La primera representación fue en la escuela de muchachas de Josias Priest en Londres no más tarde del verano de 1688. El estreno comercial fue en Londres a principios de 1700.
El lamento que Dido canta al morir, When I am laid in earth (Cuando yazca en la tierra), es uno de los momentos más hermosos y célebres de la historia de la ópera:
Aria:
When I am laid, am laid in earth, May my wrongs create
No trouble, no trouble in thy breast;
Remember me, but ah! forget my fate,
Remember me, remember me, but ah! forget my fate.

Traducción:
Cuando yazca, yazca en la tierra, que mis errores
no causen cuitas a tu pecho; 
Recuérdame, pero ¡ah! olvida mi destino; 
Recuérdame, recuérdame, pero ¡ah! olvida mi destino.

Mitos: Dido y Eneas (I)

Huidos de una patria arrasada, los troyanos llegan a Cartago desviados de su rumbo hacia Italia a causa de la tempestad provocada por la diosa Juno. Allí los recibe su reina, Dido, a quien el caudillo Eneas solicita hospitalidad. Venus (Afrodita) –madre del héroe–, para que ésta acceda y no lo traicione, envía a Cupido con la misión de que la enamore de Eneas. Dido había jurado mantenerse fiel a su difunto marido Siqueo, pero nada puede hacer alentada por su hermana Ana y rendida por la intervención de Cupido (que se se sienta en su regazo adoptando la forma de Ascanio –hijo de Eneas– para poder clavarle sus flechas).
Pierre-Narcisse Guérin: Eneas contándole a Dido las desgracias de Troya, 1815.
Óleo sobre lienzo. Museo del Louvre, París, Francia
A instancias de Juno, Venus acuerda con ella propiciar que Dido y Eneas se casen y reinen juntos en Cartago. Juno así lo desea por el rencor que arrastra contra los troyanos desde el famoso juicio de Paris y la Guerra de Troya (de este modo se vengaría consiguiendo que Eneas nunca llegue a fundar la que en el futuro será la gloriosa estirpe romana). Venus, sabiendo cuál es el verdadero destino de su hijo, finge aceptar el trato para que los favores de Dido allanen el reavituallamiento de la flota troyana. 
Dido y Eneas, 10 a. C.-45 d. C. Fresco romano.
Pompeya, Italia
Así pues, Juno manipula los acontecimientos para que en Cartago se organice una cacería, durante la cual desata una tormenta que obliga a Dido y a Eneas a cobijarse en una cueva. Esa noche yacen juntos, momento a partir del cual se solazan largamente en los placeres del amor. Ante el retraso que ello ocasiona, Júpiter envía a Mercurio para que le recuerde a Eneas que no son esos los designios del hado, sino que debe partir hacia Italia. El héroe, pese al dolor que le ocasiona, obedece la voluntad divina y deja Cartago. Tremendamente desconsolada y ofendida, Dido intenta olvidarlo con ayuda de su hermana, pero no puede. Es por eso que decide suicidarse maldiciendo el abandono de Eneas. Desde ese momento arranca el histórico odio de Cartago hacia Roma.
Anónimo: Marcha de Eneas, siglo XIX. Óleo sobre lienzo.
En el posterior capítulo VI de la Eneida, cuando Eneas desciende al inframundo griego con ayuda de la Sibila de Cumas, la encuentra vagando por los Prados Asfódelos, entre los muertos por amor. Comprendiendo entonces que la reina había cometido suicidio a su partida, trata de explicarle con gran pesar que él no quería abandonarla, que los dioses habían labrado así su destino. Pero el fantasma de Dido parece no poder escucharle y continúa su absorto camino tras la sombra de Siqueo.
Otras representaciones artísticas
Sir Nathaniel Dance-Holland: Encuentro de Dido y Eneas. Óleo sobre lienzo.
Tate Britain, Londres, Reino Unido
Rutilio Manetti: Dido y Eneas, circa 1630. Óleo sobre lienzo.
Museo de Arte del Condado de los Ángeles, California, Estados Unidos
Conjunto de tapices sobre Dido y Eneas: Dido y Eneas huyen de la tormenta,
(detalle). Ayuntamiento de Nijmegen, Países Bajos (Holanda)
Conjunto de tapices sobre Dido y Eneas: Eneas se despide de Dido.
Ayuntamiento de Nijmegen, Países Bajos (Holanda)
Gerard or Gérard (de) Lairesse: Eneas en el banquete de Dido, 1669.
Colecciones estatales de pintura de Baviera
Jean-Bernard Restout: Salida de caza de Dido y Eneas, siglo XVIII. 
Karel Škréta: Dido y Eneas, circa1670. Óleo sobre lienzo.
Galeria Národni, Praga, República Checa
Pompeo Batoni: Dido y Eneas, 1747. Óleo sobre lienzo.
(cont.)

sábado, noviembre 14, 2015

Mitos: Dido

En fuentes griegas y romanas, Dido o Elisa de Tiro aparece como la fundadora y primera reina de Cartago, en el actual Túnez. Su fama se debe principalmente al relato incluido en la Eneida del poeta romano Virgilio.
Era hija del rey de Tiro, Matán I, también llamado Belo. Dido tenía dos hermanos: Pigmalión, que heredó el trono de Tiro, y la pequeña Ana.
Siqueo o Sicarbas, sacerdote del templo de Melkart en Tiro (divinidad relacionada con Hércules), poseía vastos tesoros escondidos. Pigmalión los codiciaba, y para saber su paradero obligó a su hermana Elisa a casarse con Siqueo sin revelarle el interés oculto en ese matrimonio. Elisa no amaba a Siqueo, aunque éste a ella sí. Un tiempo después, Pigmalión le comentó a su hermana que sería conveniente saber dónde se escondían las riquezas de Siqueo. Entendiendo que había sido utilizada, Elisa averiguó dónde estaban escondidas pero sin contar la verdad a su hermano. Los tesoros se habían enterrado en el jardín del templo, y Elisa le dijo a Pigmalión que se hallaban ocultos debajo del altar. Esa misma noche, Pigmalión envió unos sicarios a matar a Siqueo. Tras llevarlo a cabo, los esbirros cavaron inútilmente una fosa bajo el altar. Elisa encontró a su marido asesinado y corrió a desenterrar el tesoro del jardín. Con él en su poder, huyó de Tiro llevándose a su hermana Ana y un séquito de doncellas, ayudada por amigos de Siqueo.
Elisa  llegó a las costas de África, donde vivían los gétulos o getulos, una tribu de libios cuyo rey era Jarbas. Pidió hospitalidad y un trozo de tierra para instalarse en ella con su séquito. Jarbas le expuso que le daría tanta tierra como ella pudiera abarcar con una piel de buey. Elisa, a fin de que la piel abarcara la máxima tierra posible, la hizo cortar finas tiras y así consiguió circunscribir un extenso perímetro. Tras esto hizo erigir una fortaleza llamada Birsa, que más tarde se convirtió en la ciudad de Cartago o Qart-Hadašh (que en fenicio significaba "Ciudad Nueva"), sobre un promontorio existente entre el lago de Túnez y la laguna Sebkah er-Riana, que desembocaba en mar abierto. Instaurada como soberana de la ciudadela, recibió de los indígenas el nombre de Dido.
Hay dos versiones acerca de la muerte de Dido.
En la versión clásica, Jarbas quiere desposarla, pero Dido es todavía fiel al recuerdo del difunto Siqueo. Creyendo que si rechazaba a Jarbas éste tomaría represalias contra ella y su gente, acepta, pero el día de la boda, antes de celebrarla, Dido se hunde un puñal en el pecho. Éste sería el modelo de los sacrificios que los cartagineses ofrecerían en el tofet. Por esto la muerte de Dido se relaciona con la figura mitológica del Fénix, que muere en el fuego para renacer de sus cenizas.
Augustin Cayot: La muerte de Dido,  1711. Mármol.
Museo del Louvre, París, Francia
La segunda versión es la que aparece en la Eneida de Virgilio. Eneas llega a la costa de Cartago, Dido se enamora de él enseguida y Eneas la corresponde. Pasan un tiempo juntos, pero Eneas, que ha recibido de Júpiter la misión de fundar un nuevo pueblo en el Lacio, debe partir hacia su destino. Una noche, Eneas embarca con su gente y Dido corre a convencerle de que permanezca a su lado, mas en vano. Le ve partir y ordena levantar una gigantesca pira, donde se disponen la espada del héroe, algunas ropas suyas que habían quedado en palacio y el tronco del árbol que custodiaba la entrada de la cueva donde se amaron por primera vez. Al amanecer subió a la pira y se hundió en el pecho la espada de Eneas. Tras su muerte, su hermana Ana, que había intentado disuadirla del suicidio, ordena a su vez prender la pira funeraria. Acerca de esta segunda versión, el poeta Ovidio dedicó una epístola en sus célebres Heroidas, la VII (carta de Dido a Eneas), donde la fundadora de Cartago manifiesta su intención de suicidarse ante la partida y traición de Eneas.
Andrea Sacchi: La muerte de Dido, siglo XVII. Óleo sobre lienzo.
Museo de Bellas Artes, Caen, Francia
Tras su muerte fue venerada como una divinidad.