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domingo, noviembre 22, 2015

Mitos: La sibila de Cumas

En la mitología griega, la Sibila de Cumas era natural de Eritras, ciudad importante de Jonia (en la costa oeste de la actual Turquía). Su padre era Teodoro y su madre una ninfa. Se cuenta de ella que nació en una gruta del monte Córico. Nació con el don de la profecía y hacía sus predicciones en verso. Se la conocía como Sibila de Cumas porque pasó la mayor parte de su vida en esta ciudad situada en la costa de Campania (Italia).
Michelangelo Buonarroti: La Sibila de Cumas, detalle de la Capilla Sixtina.
Fresco. Vaticano, Roma, Italia 
En la Antigüedad se la consideró como la más importante de las diez sibilas conocidas. A ésta se la llamaba también Deífoba, palabra que significa deidad o forma de dios. Apolo era el dios que inspiraba las profecías de las sibilas y prometió que concedería un deseo a la sibila de Cumas. Ella cogió un puñado de arena en su mano y pidió vivir tantos años como partículas de tierra había cogido; pero se le olvidó pedir la eterna juventud, así es que con los años empezó a consumirse tanto que tuvieron que encerrarla en una jaula que colgaron del templo de Apolo en Cumas. La leyenda dice que vivió nueve vidas humanas de 110 años cada una.
También se cuenta de ella - y así lo recoge la Eneida - que en una ocasión guioó por el Hades a Eneas, príncipe troyano, para que visitara a su padre Anquises.
Anónimo: Eneas y la Sibila, circa 1800. Óleo sobre lienzo. Centro Yale
para el Arte británico, Yale University, New Haven, Conneticut, Estados Unidos
En otra ocasión, la Sibila se presentó ante el rey romano Tarquinio el Soberbio como una mujer muy anciana y le ofreció nueve libros proféticos a un precio extremadamente alto. Tarquino se negó pensando en conseguirlos más baratos y entonces la sibila destruyó tres de los libros. A continuación le ofreció los seis restantes al mismo precio que al principio; Tarquinio se negó de nuevo y ella destruyó otros tres. Ante el temor de que desaparecieran todos, el rey aceptó comprar los tres últimos pero pagó por ellos el precio que la sibila había pedido por los nueve. Estos tres libros fueron guardados en el templo de Júpiter y eran consultados en situaciones muy especiales. 
Claude Gellée: La Sibila acompaña a Eneas a los infiernos, circa 1673.
Pluma sobre papel. Museo del Luvre, París, Francia
En 83 a. C. el fuego destruyó los llamados Libros Sibilinos originales y hubo que formar una nueva colección que no ha llegado hasta nuestros días porque en 405 el general romano Estilicón, ordenó su destrucción. Estos libros ejercieron gran influencia en la religión romana hasta el reinado de Augusto.

Mitos: Eneas, origen de un imperio (II)

(cont.)
Luego se dirigió a Sicilia. Allí Eneas fue acogido por Acestes y recogió a uno de los marinos de Odiseo, Aqueménides.
Cerca de la costa de Lucania, uno de los hombres de Eneas, Palinuro, se durmió y cayó al agua. Consiguió nadar hasta la playa, pero fue muerto por los lucanios. El monte Palinuro debe su nombre a este personaje.
Eneas y la sibila de Cumas
Cerca de Cumas, en la costa oeste de Italia, Eneas se encontró con la sibila, una profetisa que vigilaba una cueva que llevaba a los infiernos. Esta le llevó hasta allí y le mostró una visión del futuro de la ciudad de Roma y las muchas generaciones de romanos que un día nacerían. 
François Perrier: Eneas ante la Sibila de Cumas, circa 1646. Óleo sobre Lienzo.
Museo Nacional, Varsovia, Polonia
Eneas en el Lacio
El viaje continuó hasta llegar a Laurentio, en la costa del Lacio, en la península Itálica. Después remontó el río Álbula (que más tarde sería llamado Tíber) y llegó hasta un poblado llamado Palanteo que estaba emplazado en el lugar que con el tiempo sería conocido como el Palatino y, en la actualidad, como Lacio. La región era gobernada por Latino, rey de los latinos e hijo de Fauno. 
Bartolomeo Pinelli: Eneas y dios Tiber, antes de 1835.  Grabado coloreado.
Publicado en 1880.
Latino tenía una hija llamada Lavinia a la que los oráculos de Latino y el mismo Fauno habían prohibido que se casase con los pretendientes de la región, pues iba a llegar un extranjero que era el destinado a ser su esposo y señorear en el Lacio. La diosa Fama esparció rápidamente el rumor de la profecía, a pesar de que según versiones, Latino se empeñaba en mostrarse reservado.
Luca Giordano: Eneas mata a Turno, siglo XVII. Óleo sobre lienzo.
Galería Corsini, Florecia, Italia
Cuando Eneas llegó, Turno, según versiones rey de los rútulos y primo de Lavinia (además de su pretendiente) se aprestó a hacerle la guerra. Buscó la alianza de Latino y éste se la negó o aceptó según las versiones. Luego buscó la alianza de Mezencio, rey de los etruscos, quien no veía bien el creciente poder de la liga latina, además buscó la alianza de Diomedes, ex rey de Argos, pero éste se negó. Eneas, por su parte, tomó como aliado al rey Evandro.
Con la ayuda de Venus, el médico Lápix cura a Eneas de una herida recibida en Italia durante la lucha del héroe contra Turno, el rey de los rútulos. Fresco. Museo Arqueológico Nacional, Nápoles, Italia
Se emprende el combate; entre los muertos vale destacar a Mezencio (traicionado por sus propios súbditos por tirano) y Palante, hijo de Evandro. Además los rútulos intentaron quemar las naves de los dardanios, pero Júpiter a ruego de Ops - o la misma Ops, según versiones - las metamorfoseó en Ninfas de las aguas. Muerto Turno, cae Ardea, ciudad poderosa mientras él vivía; de las cenizas surgió el ave ardea. Entonces Eneas se casa con Lavinia y tienen un hijo, Silvio.
Añadidos y versiones posteriores cuentan que Eneas y Lavinia acogieron a la hermana de Dido, Anna Perenna, que se suicidó a causa de los celos de Lavinia. Según estas versiones posteriores, Eneas murió en el primer combate y fue enterrado a orillas del río Numicio y en adelante recibió culto bajo el nombre de Júpiter Índiges.