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martes, octubre 29, 2024

Libros: Pequeñas historias de grandes artistas

Pequeñas historias de grandes artistas

Laurence Anholt
Taschen
336 págs.
Un trampolín hacia el amor por el arte que los acompañará toda la vida
La serie infantil de Laurence Anholt sobre grandes artistas, con reproducciones de algunas de las pinturas más importantes del mundo
Han pasado treinta años desde que Laurence Anholt comenzó su querida serie sobre grandes artistas y los niños reales que los conocieron. Desde entonces, estos cuentos clásicos sobre Vincent van Gogh, Frida Kahlo, Pablo Picasso, Leonardo da Vinci y muchos otros genios del arte occidental han servido de trampolín hacia el amor por el arte y han vendido millones de copias en todo el mundo. Las historias se han adaptado de muchas formas, incluidas el ballet, la ópera, ediciones en braille para niños ciegos y con deficiencias visuales, y en un gran musical en Corea del Sur.
Además de las deslumbrantes ilustraciones en acuarela de Anholt, esta edición de aniversario incluye decenas de reproducciones de alta calidad de la obra de los artistas, biografías adaptadas para niños y preguntas interactivas para jóvenes lectores. Cada historia se basa fielmente en acontecimientos históricos y en una extensa investigación. En muchos casos, Anholt visitó las casas y los estudios de los artistas, siguió sus pasos y entrevistó a sus familiares. Tuvo acceso privado a la casa de Monet en Giverny y se hizo amigo íntimo de Sylvette David (ahora Lydia Corbett), la famosa chica con cola de caballo de Picasso.
Para que los artistas y sus mundos sean accesibles a los lectores jóvenes, Anholt emplea un recurso único: los acontecimientos se ven a través de los ojos de un niño que realmente conoció al artista. De esta manera, los lectores pueden “conectar” con la historia, y los artistas que podrían ser inaccesibles se humanizan. A nivel subconsciente, el lector absorbe muchos valores inspiradores, como la bondad, la autoestima, la perseverancia, la creatividad y la valentía.
Quizá sea por el tono amable de la narración de Anholt o sus ilustraciones hechas a mano. Quizá por su amor por los niños y su pasión por el tema. Sea por lo que sea, una generación entera de lectores ha desarrollado a través de sus historias un amor por el arte que les ha acompañado toda la vida. Y ahora transmiten ese precioso regalo a sus propios hijos. El regalo del arte.
En este volumen se cuentan las historias de los siguientes artistas: Van Gogh y los girasoles, Frida Kahlo y la niña más valiente del mundo, Cézanne y el niño de la manzana, Picasso y la chica de la cola de caballo, El jardín mágico de Claude Monet, Cuéntanos una historia, papá Chagall, Degas y la pequeña bailarina, Leonardo y el chico volador.
Sobre el autor
Nacido en Londres en 1959, Laurence Anholt se formó como artista plástico, se licenció con honores en la Falmouth School of Art en Cornwall y tiene un máster por la Royal Academy de Londres. Es el responsable de más de 200 obras en treinta idiomas, desde libros para bebés hasta historias de crímenes para adultos. Sus títulos han ganado numerosos galardones, incluidos dos premios Nestlé Smarties Gold Award y el Young Book of the Year de la Historical Association.

jueves, mayo 16, 2024

Libros: La pirámide del fin del mundo

La pirámide del fin del mundo

Y otros territorios improbables

Pedro Torrijos
Kailas
Madrid
2024
336 págs. 
Este mes de mayo vuelve Pedro Torrijos, el de #LaBasaTorrijos, con La pirámide del fin del mundo, un viaje por los lugares más extraordinarios de la mano del mejor contador de historias, el descubridor de Territorios improbables.
Con Pedro Torrijos descubrimos los relatos que construyen lo que somos. Seres humanos empujados por deseos, pasiones y generosidad, pero a menudo lastrados por envidias, odios y maldad. Construimos y transformamos; abandonamos y olvidamos.
En La pirámide del fin del mundo conocemos historias deslumbrantes de avances científicos y edificios monumentales. Pero también historias de material bélico hundido en mares paradisíacos y de islas en las que está prohibido nacer y morir. Historias que nos explican, aunque en muchos aspectos sigamos siendo un misterio.
Pedro Torrijos (Madrid, 1975) cuenta historias. Historias de hombres, de mujeres y de lugares. Historias que son artículos en El País, Yorokobu o Jot Down, entre otros. Historias que son paisajes sonoros en Hoy por Hoy en la Cadena Ser y en podcast. Historias que son reportajes contados en el lenguaje único de las redes sociales. Y si se lo encuentran por la calle, probablemente les contará una historia. En Kailas ha publicado también Territorios improbables.

miércoles, marzo 06, 2024

Libros: Vagabundias

Vagabundias

Criminales, vagos, putas y locos

Juanma Agulles
Pepitas
Logroño
2024
160 págs.
Las vagabundias son girones de existencias en los márgenes, vivencias del mundo de la calle, historias recogidas pacientemente durante los catorce años que el autor pasó trabajando en un albergue para personas sin hogar. En este libro, Juanma Agulles entrelaza con maestría las peripecias concretas de algunas de «las gentes del abismo» con agudas reflexiones acerca de la pobreza extrema y la marginalidad en nuestras sociedades, así como del papel de una institución —el albergue— que comparte rasgos con la prisión, el manicomio y la casa de beneficencia.
[…] Culpar a los pobres de su propia condición ha sido uno de los mayores éxitos ideológicos de las sociedades capitalistas. Que los miserables lo acepten y hasta se muestren orgullosos de sus estigmas forma parte de ese juego de atribuciones en el que la pobreza, como concepto, puede ser santificada al mismo tiempo que el pobre, el miserable concreto, vive bajo la amenaza de terminar colgado de la rama más alta de un árbol para dar ejemplo a los demás. En nuestros días, mientras un moderno cualquiera se viste como un mendigo y se recrea en su nueva imagen homeless style, una panda de descerebrados da una brutal paliza y después prende fuego a una mujer que dormía entre cartones [...].
[…] Con el tiempo, empecé a ver a todos aquellos que trabajábamos en torno a la miseria —bajo el pretexto de aliviarla en sus extremos más duros— como seres muy semejantes a los gusanos que se alimentaban de la herida. La degradación social era el nicho ecológico donde diversas especies de tecnócratas de la conducta surgían y medraban, generando una falsa sensación de vitalidad en un organismo social moribundo. Mientras la sociedad siguiese generando nuevas miserias y nuevas gentes del abismo, a nosotros no nos faltaría el sustento. […]
Juanma Agulles (Alicante, 1977). Es sociólogo y ensayista. Durante catorce años trabajó en un albergue para personas sin hogar. Ha publicado artículos y libros sobre la historia de la pobreza (La negación de la virtud, Virus, 2023), el proceso de urbanización contemporáneo (La destrucción de la ciudad, Catarata, 2017 [Premio Catarata de Ensayo]) o el desarrollo tecnológico (La vida administrada, Virus, 2017). Formó parte de la revista de pensamiento crítico Cul de Sac y ha colaborado con publicaciones como Ekintza Zuzena, Raíces o Hincapié. También ha difundido sus trabajos de investigación en revistas académicas como Revista Española de Investigaciones Sociológicas, Cuadernos de Trabajo Social y Argumentos de Razón Técnica. Ha ejercido como docente e investigador en varias universidades públicas.

sábado, junio 03, 2023

Libros: Gente de otro pelo

Gente de otro pelo

Quince historias de ingenio, audacia y tesón en un valle de la Euskadi interior

Pablo Zulaica Parra
Sans Soleil
Vitoria-Gazteiz
2023
380 págs.
¿Se puede contar un territorio a través de sus historias de vida? ¿Cuántas Elenas, Ibais, Marijoses o Nazares habrá en tantos otros valles desconocidos?
¿Quiénes fueron los antiguos patateros, esenciales para todo un país, y qué ha sido de ellos? ¿Cómo un vecino creció aislado y sin estudios y acabó fabricando quitanieves? ¿Por qué alguien fundaría en un pueblo mínimo una comuna de vanguardia teatral en los años ochenta, mientras unas maestras se revolvían para que no clausurasen la escuela?
Cuando hoy miramos a quienes conforman los pueblos solemos hablar de nativos, las personas de toda la vida, y de neorrurales, urbanos recién llegados que no saben si lograrán adaptarse, por no hablar de los veraneantes. Sin embargo, las formas de pertenecer a un pueblo, a un valle, a un país de adopción, son muchas y muy personales. Contemplativas o emprendedoras, individuales o asociativas, siempre están sujetas al escrutinio de otros, porque el peso específico de cada persona hace difícil el camuflaje inherente a una ciudad.
Pese a estar a la vista, muchas rutinas en la vida rural distan de ser convencionales. Obviadas, silenciadas, perdidas en los saltos entre generaciones, cuentan formas valiosas de “hacer pueblo”, incluso hitos sobre cuyos cimientos construyen, a veces con trabas de más, los pobladores de hoy.
Pablo Zulaica Parra, en Maeztu, en la Montaña alavesa, Pablo es un Parra, su segundo apellido, de acuerdo a los modos de allí. Nacido en Vitoria-Gasteiz en 1982, ha vivido en cuatro continentes, y en este trabajo trata de aprovechar la mirada que eso le da para resignificarlos asombros que encuentra en el valle en el que pasó muchos veranos, pero en el que nunca vivió de continuo. Publicista reconvertido al periodismo y a la enseñanza del castellano, colabora con medios españoles y mexicanos, ha publicado Los acentos perdidos (Lumen, 2010), Un fin de semana en la coladera (Montena, 2014), ambos para público joven, y Paisajeros. Veinte viajes en tren y sus protagonistas (geoPlaneta, 2023).

viernes, agosto 05, 2022

Libros: Malas calles

Malas calles

Historias criminales contadas por policías

Ricardo Magaz, Alejandro M. Gallo (coord.)
Reino de Cordelia
Madrid
2022
256 págs.
Ricardo Magaz y Alejandro M. Gallo nos presentan una antología de relatos escritos por profesionales que conocen bastante bien el crimen.
Comisarios de policía, inspectores, agentes locales, un juez de instrucción y hasta un director de prisiones se han unido para escribir Malas calles, historias de crímenes contados por quienes tratan de evitarlos. Nadie como ellos sabe lo que ocurre ahí fuera, nadie como ellos se enfrenta diariamente a un mundo donde asesinos, ladrones y matones pretenden imponer su fuerza al margen de la ley. En total, catorce relatos de trece autores, muchos de ellos experimentados en el mundillo de la narrativa policíaca, con obras y premios que acreditan su experiencia literaria. Dos policías escritores, Ricardo Magaz y Alejandro M. Gallo, veteranos con muchos títulos a sus espaldas, coordinan esta antología criminal donde la realidad se mezcla con la ficción para dar un repaso al mundo del crimen.

jueves, mayo 05, 2022

Libros: El colegio invisible

El colegio invisible

Las historias de misterio más escuchadas

Josep Guijarro Triadó, Jesús Ortega Rubio, Lorenzo Fernández Bueno, Laura Falcó Lara
La Esfera de los Libros
Madrid
2022
446 págs.
El colegio invisible lleva años deleitándonos con sus historias de misterio a través de las ondas y ahora, por fin, se ha convertido en este libro en el que sus cuatro autores amplían y explican en profundidad los casos más extraordinarios que han investigado, con documentación y testimonios inéditos.
Estas páginas son producto de décadas de búsqueda de respuestas, de anécdotas recogidas a pie de camino y de cientos de horas delante de un micrófono, a veces desde los enclaves más insospechados del planeta.
Cada historia de las aquí narradas está llena de preguntas que aún están pendientes de solución… ¿Son auténticas las pirámides perdidas en el corazón de Bosnia? ¿Encontraron los nazis el arca de la alianza o la lanza de Longinos? ¿Ha habido viajes en el tiempo? ¿Se han cumplido las antiguas profecías? ¿Qué dicen las universidades sobre los encuentros con la muerte o las reencarnaciones? Ovnis, intraterrestres, vampiros, ooparts, premoniciones cumplidas, objetos y lugares malditos… nada escapa a la curiosidad de este colegio, porque en el mundo todavía quedan muchos lugares a los que viajar y enigmas por descubrir. ¡Pasen y lean!
Josep Guijarro Triadó es el miembro más veterano del equipo, pero el último en incorporarse a El colegio invisible. Escritor y reportero de radio, prensa y televisión, ha viajado por cuatro de los cinco continentes en busca de respuestas a numerosos misterios. 
Jesús Ortega Rubio, periodista, dirige y presenta El dragón invisible (Radio Castilla-La Mancha) y forma parte del equipo de El colegio invisible. Ha sido redactor de las revistas Enigmas y Año/Cero y actualmente es el encargado de la web espaciomisterio.com. Apasionado de la psicología y antropología de las creencias, aborda los temas de misterio desde una perspectiva crítica.
Lorenzo Fernández Bueno es periodista y escritor, autor de 25 libros y guionista y presentador de series como Enigmas de nuestra historia, Misterios con Lorenzo Fernández Bueno, Leonardo, el último hereje, 99 lugares donde pasar miedo y Ellos están entre nosotros, emitidas en DMAX. Hace años decidió crear El colegio invisible, espacio que actualmente dirige y presenta y que se emite en la sintonía de Onda Cero Radio. Además, es director de la revista Año/Cero&Enigmas
Laura Falcó Lara, licenciada en filología inglesa y máster en Dirección de Empresas por ESADE, ha sido directora de varios sellos editoriales y en la actualidad preside Prisma Publicaciones en Grupo Planeta. Ha colaborado en los programas de radio Levántate y Cárdenas, Julia en la Onda, Luces en la oscuridad y La rosa de los vientos; en los de televisión Las tardes de Pedro Riba, Tierra de Sueños, Hora Punta y Extraterrestres. Ha sido asesora del documental Imborrable y es creadora y copresentadora de El colegio invisible. Asimismo, es autora de Gritos antes de morir, Chelston House, Última llamada, Amanecer de hielo, La maldición de la lanza sagrada (publicada en La Esfera) y Ecos del pasado.

viernes, septiembre 24, 2021

De Van Eyck a Picasso, veinte cuadros que cuentan historias (grandes o pequeñas) (XX)

Evocación (El entierro de Casagemas), óleo sobre lienzo, es una obra de 1901 realizada por el pintor español Pablo Picasso (1881-1973), que se encuentra en el Musée d’Art Moderne de la Ville de Paris. 
Durante la primera estancia parisiense, Carlos Casagemas y Picasso conocieron, en el estudio del pintor barcelonés Isidro No-nell, a la modelo Germane Gargallo. Picasso la retrató en primer plano a la izquierda en el Moulin de la Galette, sin saber aún lo que la mujer significaría para él y sobre todo para Casagemas. Este se enamoró perdidamente; de poco sirvió el intento de su amigo de distraerlo llevándolo a Barcelona. En febrero de 1901 volvió a París y, desesperado, se mató de un disparo en un café del Bou-levard de Clichy. Obsesionado por la muerte de su amigo, Picasso le dedicó diversos cuadros: el Retrato de Casagemas muerto, La muerte de Casagemas y finalmente Evocación, pero, al margen de la elección del tema, los cambios más radicales afectaron al estilo y al lenguaje: la renuncia a la policromía de las nuevas exigencias expresivas. El azul, en Picasso, es un color frío, melancólico, a través del cual el pintor expresa su tristeza y la de sus personajes: “Fue pensando que Casagemas había muerto como me puse a pintar en azul”, declaró Picasso, que en Evocación se vale de extensas superficies de este color.
La superficie irregular, la composición escenográfica y las grandes dimensiones recuerdan la obra maestra de El Greco El entierro del conde de Orgaz, que Picasso pudo estudiar en Toledo. Como en Mujer de azul y Le Moulin de la Galette, la elección de la cita pretende conferir un fuerte impacto iconográfico, al mismo tiempo que un intento de caricatura que se resuelve en la representación de prostitutas y cuerpos desnudos, uno de los cuales abraza al alma de Casagemas mientras ésta sube al cielo en un caballo blanco.

jueves, septiembre 23, 2021

De Van Eyck a Picasso, veinte cuadros que cuentan historias (grandes o pequeñas) (XIX)

Lujo, calma y voluptuosidad, en francés «Luxe, calme et volupté»,​ es un cuadro de Henri Matisse (1869-1954) expuesto en el Museo de Orsay de París, Francia. Está pintado al óleo sobre lienzo y mide 98,3 cm de alto por 118,5 cm de ancho.
Su nombre rememora un verso del poema de Charles Baudelaire titulado L'Invitation au voyage (Invitación al viaje) del libro Las flores del mal:
Là, tout n'est qu'ordre et beauté,
Luxe, calme et volupté.
(Allá, todo es orden y belleza,
Lujo, calma y voluptuosidad.)
Fue pintado por Matisse en 1904 y se considera como una obra síntesis del postimpresionismo que se convirtió en un manifiesto de lo que sería el fovismo. Aunque puede observarse una cierta influencia de la técnica del puntillismo, la utilización subjetiva del color y la simplificación del dibujo empleados por Matisse sorprendieron a todos cuando fue expuesto por primera vez en el Salón de los Independientes y después en el Salón de Otoño. Esta obra la compró Paul Signac

miércoles, septiembre 22, 2021

De Van Eyck a Picasso, veinte cuadros que cuentan historias (grandes o pequeñas) (XVIII)

Muerte de Churruca, óleo sobre lienzo, es una obra realizada en 1892 por el pintor español Eugenio Álvarez Dumont (Túnez, 1864-Buenos Aires 1927), perteneciente al Museo del Prado y depositada en el Instituto de Educación Secundaria Canarias Cabrera Pinto de San Cristobal de La Laguna, Santa Cruz de Tenerife.
La obra representa la muerte del brigadier español Cosme Damián Churruca (1761-1805), que murió durante la batalla de Trafalgar cuando comandaba el navío de 74 cañones San Juan Nepomuceno.
Junto con su hermano César, Eugenio Álvarez Dumont fue uno de los principales representantes de la pintura de historia en el siglo XIX. Sintió predilección por los temas militares. El cuadro exalta el valor y acentúa el dramatismo, como era propio de la pintura de historia en esta época. Es un cuadro de acción trepidante y transido de humo de las descargas de la fusilería, pero remansado al mismo tiempo en el trágico detalle de la muerte.

martes, septiembre 21, 2021

De Van Eyck a Picasso, veinte cuadros que cuentan historias (grandes o pequeñas) (XVII)

La naumaquia (Combate naval entre romanos), óleo sobre lienzo, realizada en 1894, fue realizada por el pintor español Ulpiano Fernández-Checa y Sanz (Colmenar de Oreja, 3 de abril de 1860-Dax, 5 de enero de 1916). Esta obra fue presentada en la Sociedad Nacional de Bellas Artes de París, 1894. Ganó la medalla de oro en la Exposición Internacional de Atlanta en 1895.
La palabra naumaquia (en latín naumachia, del griego antiguo ναυμαχία/naumajía, literalmente «combate naval») designaba simultáneamente en época romana tanto al espectáculo en el que se representaba una batalla naval, como a la cuenca hidrográfica o al lugar donde se llevaba a cabo.

lunes, septiembre 20, 2021

De Van Eyck a Picasso, veinte cuadros que cuentan historias (grandes o pequeñas) (XVI)

La morfina es una obra de las más importantes del pintor y escritor Santiago Rusiñol y Prats (Barcelona, 25 de febrero 1861-Aranjuez, 13 de junio de 1931)  de 1894. Formó parte del Modernismo de finales del siglo XIX y principios del XX y está expuesto en el Museo Cau Ferrat de Barcelona, que él mismo fundó. En 2014 el cuadro formó parte de la exposición París 1900. La ville en la misma ciudad.
La morfina es el segundo de una pareja de cuadros: La medalla, también conocida como Antes de consumir el alcaloide, y esta obra. La primera, más grande en dimensiones, muestra a chica sentada en la cama con algo entre las manos.
Desde el renacimiento el consumo del opio, que contiene morfina, era normal por las relaciones comerciales entre Europa y Oriente, de donde procedía. Los médicos comenzaron a recetarlo por sus características inhibidoras que quitaban el dolor y producían bienestar y tranquilidad. Ya en el siglo XVIII comenzaron a surgir reuniones entre las mujeres adineradas para consumirla inyectada y muchas personas de clase alta comenzaron a ser adictos a la droga, incluso encargaban a los joyeros la realización de jeringuillas de plata, en algunos casos inclusive con incrustaciones de brillantes.
Santiago Rusiñol se mudó a París en 1889, donde por los dolores de una caída comenzó a consumir morfina. Se volvió adicto durante diez años, luego se desintoxicó en un proceso que duró otros cinco años. Fue allí, en su último viaje a la ciudad francesa, donde pintó el cuadro.
Rusiñol refleja en el cuadro a una mujer, la modelo Estephanie Nantas, una modelo que posaba a menudo para él.​ La chica aparece tendida en una cama con una manta de color amarillo, que simboliza la enfermedad. Se encuentra en una habitación en penumbra y destaca la carga sexual en el rostro de placer haciendo ver que la mujer ha iniciado ya su viaje por los mundos de Morfeo, en la tensión de la mano agarrando la sábana, el pelo suelto y alborotado y el tirante del camisón que cae sutilmente dejando descubierto el hombro.

domingo, septiembre 19, 2021

De Van Eyck a Picasso, veinte cuadros que cuentan historias (grandes o pequeñas) (XV)

Doña Juana la Loca es un óleo sobre lienzo del pintor español Francisco Pradilla y Ortiz (Villanueva de Gállego, 24 de julio de 1848-Madrid, 1 de noviembre de 1921), realizado en 1877. Se encuentra expuesto en el Museo del Prado de Madrid (España).
Pradilla lo envió desde Roma, donde había obtenido una plaza de pensionado, y fue tal el éxito que alcanzó que muy pronto se reprodujeron de él infinidad de copias oleográficas. En fecha reciente se ha localizado una réplica o versión de la obra, considerada igualmente pintada por Pradilla, en el Museo Nacional del Palacio Venezia de Roma.
El cuadro es un notable exponente del género histórico español.​ Obtuvo la medalla de honor en la Exposición Nacional de Bellas Artes de 1878,​ además de éxito en las Exposiciones Universales de París en 1878​ y Viena en 1882, así como en Berlín.
Representa Pradilla en su lienzo a Juana la Loca en ocasión de velar el cadáver de su esposo a campo raso. Aparece la figura de la reina erguida de cuerpo, enjuta de rostro, las manos crispadas y la vista vuelta hacia el féretro. En torno de ella, se agrupan los cortesanos en varias actitudes siendo verdaderamente notable por su expresión la dama segunda del primer término de la derecha.
La entonación es calurosa y los efectos de luz recuerdan algún tanto a Rembrandt. Pero lo más admirable del cuadro y lo que desde luego impresiona tanto a los profesionales como a los aficionados es la maestría de la composición resultando las figuras todas armónicamente dispuestas y hábilmente adecuadas a las circunstancias del lugar y de la patética escena que en él se desarrolla.

sábado, septiembre 18, 2021

De Van Eyck a Picasso, veinte cuadros que cuentan historias (grandes o pequeñas) (XIV)

Doña Isabel la Católica dictando su testamento es posiblemente el cuadro más conocido del pintor purista español Eduardo Rosales (Madrid, 4 de noviembre de 1836 - ibíd., 13 de septiembre de 1873). Data del año 1864, está ejecutado al óleo sobre lienzo y mide 400 centímetros de ancho por 290 de alto. Pertenece al Museo del Prado de Madrid, adonde llegó tras haber sido adquirido por el Estado en 1865; su destino inicial fue el Museo Nacional (Museo de la Trinidad), pero tras la disolución de este en 1872 pasó, junto con el resto de sus fondos, al Prado. Tras ser traspasado al Museo de Arte Moderno (MAM), se reincorporó al Prado en 1971 al recibir las obras del siglo XIX que poseía el MAM tras la disolución de este. Actualmente está expuesto al público en la sala 61B.
Esta pintura de historia representa el momento en el que la reina Isabel dicta su testamento.​ Enmarcado dentro de la pintura de historia academicista del período romántico, lo cierto es que es de un estilo más realista que obras precedentes de Rosales.
Invirtió en ella año y medio de trabajo y la presentó a la Exposición Universal de París de 1867. Después volvió a Roma, adonde le llegó un telegrama de sus amigos, el paisajista Martín Rico y Raimundo de Madrazo, dándole la noticia del éxito alcanzado por su cuadro: primera medalla de oro para extranjeros. Le concedieron la Legión de honor. En 1877 fue grabada por Bartolomé Maura.
Como reconocimiento simbólico de su relevancia, cabe decir que fue la primera obra que se colgó, en presencia del Ministro de Cultura, el director del Museo y el presidente del Real Patronato, en la exposición Maestros modernos. Las colecciones del siglo XIX del Museo del Prado, con la que en 2007 se inauguró la ampliación de Moneo.

jueves, septiembre 09, 2021

De Van Eyck a Picasso, veinte cuadros que cuentan historias (grandes o pequeñas) (XIII)

Ludovic Lepic y sus hijas (en francés, Ludovic Lepic et ses filles) es una pintura, óleo y lienzo, de Edgar Degas completada alrededor de 1871. La pintura muestra a Ludovic-Napoléon Lepic con sus hijas pequeñas. Degas también representó a Ludovic Lepic en el cuadro Plaza de la Concordia. El 10 de febrero de 2008, la pintura fue robada de la Fundación E. G. Bührle en Zúrich, Suiza.2​ Fue recuperada en abril de 2012 con daños leves.

lunes, agosto 30, 2021

De Van Eyck a Picasso, veinte cuadros que cuentan historias (grandes o pequeñas) (X)

Militar y muchacha riendo, también conocida como El soldado y la muchacha sonriendo, (De soldaat en het lachende meisje en neerlandés) es una pintura creada por el artista Johannes Vermeer alrededor de 1658 y que se encuentra ubicada en la Colección Frick en Nueva York.
El tema de una chica alegre ante su pretendiente, que intenta seducirla con vino, ya popular en el arte neerlandés, fue utilizado por Vermeer como un estudio del espacio lleno de luz. La silueta oscura del oficial ayuda a la pintura, dándole una ilusión de profundidad, y contrasta con el juego de luz sobre la mujer y el mobiliario de la habitación.La influencia de los interiores en cuadros del pintor Pieter de Hooch, establecido en Delft en 1653, es indiscutible en los interiores de cuadros de Vermeer como este.
El mapa de Holanda en la pared del fondo junto a las sillas, aparecen en otros cuadros de Vermeer. Este mapa, realizado en 1620 por Balthasar Florisz van Berckenrode y publicado al año siguiente por Willem Jansz Blaeu, muestra la leyenda latina “NOVA ET ACCVRATA TOTIVS HOLLANDIAE WESTFRISIAEQ(VE) TOPOGRAPHIA” que permite ubicar geográficamente la escena representada en Holanda y Frisia occidental. También permite situar cronológicamente la escena en torno a la guerra anglo-holandesa de 1652-1654. Como signo de la sabiduría humanística, los entonces costosos mapas se muestran muy del gusto del autor.
Este es uno de los cuadros señalados por los críticos en el debate sobre el uso de la cámara oscura por Vermeer.4​En 1891, el litógrafo estadounidense Joseph Pennell destacó la perspectiva fotográfica que se percibe en esta obra.

domingo, agosto 22, 2021

De Van Eyck a Picasso, veinte cuadros que cuentan historias (grandes o pequeñas) (IX)

La ronda de noche, también conocida como La milicia del capitán Frans Banning Cocq, 1642. Óleo sobre lienzo; en la colección permanente del Rijksmuseum de Ámsterdam.
La ronda de noche o La ronda nocturna (en neerlandés: De Nachtwacht) es el nombre por el que se conoce comúnmente una de las más famosas obras maestras del pintor neerlandés Rembrandt, pintada entre 1640 y 1642. 
a obra fue encargada por la Corporación de Arcabuceros de Ámsterdam para decorar el Groote Zaal, 'Gran Salón', del Kloveniersdoelen, sede de la milicia. Debido a esto, Rembrandt usó monumentales dimensiones para el lienzo.
En ella aparece la milicia del capitán Frans Banninck Cocq en el momento en el que este da la orden de marchar al alférez Willem van Ruytenburch. Detrás de ellos aparecen los 18 integrantes de la Compañía, que pagaron una media de cien florines al pintor por aparecer en el cuadro, una suma más que considerable para la época. Los dos oficiales probablemente pagaron más, por el lugar privilegiado que ocupan en el cuadro. En total, Rembrandt cobró 1600 florines por este cuadro. Al ser la compañía de arcabuceros una institución municipal, La ronda de noche sigue siendo propiedad del Ayuntamiento de Ámsterdam, que la cede al Rijksmuseum en préstamo de uso sin contraprestación económica.
Los personajes aparecen captados por el pintor holandés tal y como los pudo contemplar en numerosas ocasiones en el momento en que a diario la compañía se preparaba para formar y salir a continuación ordenadamente para recorrer la ciudad en su misión de vigilantes del orden. Además, en el cuadro aparecen tres niños corriendo y un perro que animan la escena.
El encargo, que debía ser concluido para el banquete de inauguración de la sede de la compañía, fue, junto a otros retratos corporativos, parte de la conmemoración de la llegada en 1638 a Ámsterdam de la reina madre María de Médicis, viuda de Enrique IV de Francia, exiliada por orden de su hijo Luis XIII y del intrigante cardenal Richelieu. Esta visita regia a la capital holandesa fue celebrada por sus autoridades con gran pompa y boato.
El pago del trabajo se retrasó debido a que no cubrió las expectativas de los miembros de la milicia, por no estar perfectamente definida la presencia de la mayoría de ellos. A pesar de su calidad, también pasó desapercibida para la crítica en su día. La escena de la compañía forma parte fundamental de la tradición holandesa de retratos colectivos que surgió en la llamada "Edad de Oro del arte holandés". Autores contemporáneos como Frans Hals se dedicaron casi en exclusiva a este tipo de retratos de encargo.

sábado, agosto 21, 2021

De Van Eyck a Picasso, veinte cuadros que cuentan historias (grandes o pequeñas) (VII)

Vieja friendo huevos es un cuadro de juventud de Diego Rodríguez de Silva y Velázquez, pintado en Sevilla en 1618, solo un año después de su examen como pintor. Se encuentra en la Galería Nacional de Escocia, en Edimburgo, desde 1955, adquirido a los herederos de sir Francis Cook por 57.000 libras.

El cuadro pertenece al género del bodegón, según lo entendía Francisco Pacheco, como escena de cocina o de mesón con figuras a veces ridículas o, cuando menos, vulgares, pero estimables «sí son pintados como mi yerno los pinta alzándose con esta parte sin dejar lugar a otros», pues por esta vía «halló la verdadera imitación del natural».
La escena se desarrolla en el interior de una cocina poco profunda, iluminada con fuertes contrastes de luz y sombra. La luz, dirigida desde la izquierda, ilumina por igual todo el primer plano, destacando con la misma fuerza figuras y objetos sobre el fondo oscuro de la pared, de la que cuelgan un cestillo de mimbre y unas alcuzas o lámparas de aceite. Una anciana con toca blanca cocina en un anafe u hornillo un par de huevos, que pueden verse en mitad del proceso de cocción flotando en líquido dentro de una cazuela de barro gracias al punto de vista elevado de la composición. Con una cuchara de madera en la mano derecha y un huevo que se dispone a cascar contra el borde de la cazuela en la mano izquierda, la anciana suspende la acción y alza la cabeza ante la llegada de un muchacho que avanza con un melón de invierno bajo el brazo y un frasco de cristal. Delante de la mujer y en primer término se disponen una serie de objetos vistos con el mismo punto de vista elevado: una jarra de loza vidriada blanca junto a otra vidriada de verde, un almirez con su mano, un plato de loza hondo con un cuchillo, cebollas y guindillas. Apoyado en el anafe brilla un caldero de bronce.
Los objetos han sido estudiados de forma individual, maravillosos en su singularidad pero mal integrados en el conjunto. Ciertos problemas de perspectiva y alguna incongruencia en las sombras que proyectan no impiden, sin embargo, apreciar la sutileza en el tratamiento de sus texturas por el sabio manejo de la luz, que es parcialmente absorbida por los cacharros cerámicos y se refleja en los metálicos, casi alternadamente dispuestos. El interés de Velázquez por los efectos ópticos y su tratamiento pictórico se pone de manifiesto en los huevos flotando en el líquido —aceite o agua— en los que «logra mostrar el proceso de cambio por el cual la transparente clara del huevo crudo se va tornando opaca al cuajarse», detalle que indica el interés del pintor en captar lo fugaz y efímero, deteniendo el proceso en un momento concreto.​
Pero más allá de la atención prestada a estos objetos y a su percepción visual, Velázquez ha ensayado una composición de cierta complejidad, en la que la luz juega un papel determinante, conectando figuras y objetos en planos entrecruzados. La relación entre los dos protagonistas del lienzo resulta, sin embargo, ambigua. Sus miradas no se cruzan: el muchacho dirige la suya hacia el espectador mientras la mirada de la anciana parece perderse en el infinito, creando con ello cierto aire de misterio que ha hecho pensar que lo representado en el lienzo no sea una simple escena de género.
Lejos de ser «figuras ridículas» para provocar risa, como decía Pacheco a propósito de los protagonistas de los bodegones más convencionales, anciana y joven están tratados con severa dignidad. El escorzo de la cabeza del muchacho coincide con el del adolescente que recibe la copa en El aguador de Sevilla, adoptando un gesto reconcentrado, como transido por la importante responsabilidad que desempeña en la cocina. El mismo muchacho no deja de recordar al más joven de los Tres músicos, pero la incidencia de la luz, más matizada, y la expresión seria le dotan de una dignidad y atractivo que no tenía aquel. La repetición del modelo hace creíble, aunque no haya forma de comprobarlo, que se trate del «aldeanillo aprendiz» que, según Pacheco, Velázquez tenía cohechado para que le sirviese de modelo. El tipo humano de la vieja, con su mirada perdida, es probablemente el mismo de la anciana que aparece en Cristo en casa de Marta y María, en el que algunos críticos han querido ver un retrato de la suegra del pintor.
Julián Gállego llamó la atención sobre la quietud que el cuadro desprende, alejada del dinamismo de las obras de Caravaggio, con el que algunos críticos lo han relacionado por el tratamiento del claroscuro, «quietud desconcertante» que sólo encontraría paralelo en algunos pintores nórdicos, como Louis Le Nain o Georges de La Tour. Las acciones de los personajes —agitar la cuchara para que no se pegue la clara, cascar el huevo, acercar la jarra de vino— han sido sorprendidas en un instante y los actores de ellas han quedado inmovilizados, sin comunicación entre sí. Jonathan Brown entiende por ello que Velázquez ha hecho de sus personajes objetos y los ha tratado de igual modo que hace con estos, con distanciamiento y objetividad.

viernes, agosto 20, 2021

De Van Eyck a Picasso, veinte cuadros que cuentan historias (grandes o pequeñas) (VI)

La Defensa de Cádiz contra los ingleses, también conocido como Desembarco hostil de los ingleses cerca de Cádiz en 1625, al mando del Conde de Lest o simplemente Defensa de Cádiz, es un cuadro de Francisco de Zurbarán (1598 – 1664), expuesto en el Museo del Prado de Madrid, España. Está pintado al óleo sobre lienzo y mide 302 cm de alto por 323 cm de ancho.
La escena representa la defensa que las fuerzas españolas hicieron de la ciudad de Cádiz en 1625 ante el ataque de la flota holandesa, bajo el mando de Edward Cecil. En primer término aparece el gobernador de Cádiz Fernando Girón (sentado, ya que se encontraba enfermo) impartiendo órdenes a sus subordinados (frente a él, el teniente de maestre de campo Diego Ruiz), mientras al fondo se contempla el desembarco de las tropas atacantes frente al fuerte de El Puntal, en la bahía gaditana.
Inicialmente atribuido a Eugenio Caxés,​ este cuadro fue pintado por Zurbarán como parte de un encargo decorativo para el Salón de Reinos del Palacio del Buen Retiro de Madrid. Se encomendó a Zurbarán esta escena de hechos militares así como una serie de diez cuadros sobre Los Trabajos de Hércules, actualmente también en el Prado.

jueves, agosto 19, 2021

De Van Eyck a Picasso, veinte cuadros que cuentan la historia (grandes o pequeñas) (V)

Niños jugando a los dados, hacia 1665-1675, es una obra del pintor español Bartolomé Esteban Murillo (Sevilla, bautizado el 1 de enero de 1618–3 de abril de 1682), óleo sobre lienzo, que se encuentra e la Alte Pinakothek, Múnich, 
En un  marco difusamente arquitectónico unos niños , que corresponden al modelo del naturalismo barroco, pertenecientes por sus atuendos a las clases populares se entretienen en un momento de su trabajo que sería vender fruta. . El más pequeño  se encuentra de pie  sin percatarse de que su perrillo lo mira  con la esperanza de atrapar alguna migaja de pan. Esta figura se ha desentendido del juego, y ha dejado de masticar, distraído mira hacia fuera del cuadro hacia el espectador. Mientras, los dos niños (un niño y una niña) miran concentrados el azar de los dados ajenos al tercero. Parece que el que ha lanzado los dados ha tenido suerte y esboza una sonrisa mientras que el otro mantiene la cabeza baja.
En la izquierda de nuevo la maestría en la calidad matérica del bodegón pero realizada con trazos menos minuciosos y más con pinceladas más sueltas con toques del pincel en la cesta, en el pelo del perro. No olvida detalles como esa zapatilla rota.
Murillo  recupera el dibujo para enmarcar las figuras o perfilarlas. Las figuras están dotadas de volumen con un gran modelado  conseguido mediante el juego de luz y sombra especialmente en el niño que se encuentra de pie. Los otros dos niños se encuentran en posiciones enfrentadas uno de ellos en escorzo.
Algunos elementos de la anatomía están construidos con manchas de color como la sombra morada del pelo o una de las manos del niño recortado de nuestra derecha , los dedos no están individualizados. Contrastan  los colores cálidos como el amarillo del limón o el pañuelo del niño y los terrosos como los atuendos o el cántaro. Existen varios focos de luz que son los que contribuyen a moldear las figuras. El fondo es una atmósfera difuminada. El ritmo está marcado por el juego de las miradas entre los niños que participan en el juego y entre el que mira el espectador, incluso el propio perro esperando que le caiga algo de comida.

miércoles, agosto 18, 2021

De Van Eyck a Picasso, veinte cuadros que cuentan la historia (grandes o pequeñas) (IV)

La boda campesina (De Boerenbruiloft) es una pintura de Pieter Bruegel el Viejo (1525-1569), actualmente en el Museo de Historia del Arte de Viena, Austria. Se trata de un óleo sobre madera con unas dimensiones de 114 centímetros de alto y 164 de ancho. Fue ejecutada en 1568.
Se trata de una de las obras de Brueghel que representan la vida campesina. La novia está debajo de un dosel y el novio no se sabe exactamente quién es, pero podría ser el hombre vestido de negro, a la izquierda de la figura más grande, echándose hacia atrás, con una jarra en la mano. Dos gaiteros tocan el pijpzak y un niño pequeño en el primer plano lame un plato.
La fiesta se celebra en un granero en la primavera; dos espigas de cereal con un rastrillo recuerdan el trabajo que implica la cosecha y la vida tan dura que llevan los campesinos. Los platos los llevan sobre una puerta que han quitado de sus bisagras. Los principales alimentos son pan, gachas y sopa.