Mostrando entradas con la etiqueta Edouard Manet. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Edouard Manet. Mostrar todas las entradas

domingo, octubre 10, 2021

De Van der Weyden a Giacometti, veinte retratos que cambiaron el rostro de la pintura (XVI)

Retrato de Émile Zola (en francés, Portrait d'Émile Zola) es un cuadro del pintor francés Édouard Manet. Data de 1868. Se trata de una pintura al óleo sobre lienzo, que mide 146,3 centímetros de alto y 114 cm de ancho. Actualmente se conserva en el Museo de Orsay de París (Francia).
Émile Zola fue amigo de juventud de Cézanne. Era aficionado a la pintura, en particular la de los pintores rechazados por la crítica oficial. En 1866 Zola alabó a Manet, diciendo que su camino le llevaría directo al Louvre. Manet, deseoso de manifestarle su reconocimiento por el activo apoyo que había manifestado a su arte, le propuso este retrato.​ El escritor posó para Manet en febrero de 1868.
Se representa al escritor sentado ante un escritorio. En la mano lleva un libro, posiblemente «L'Histoire des Peintres», de Charles Blanc.
El lienzo, aceptado en el Salón de París del mismo año, contiene numerosos elementos anecdóticos y discretos que revelan la amistad de los dos hombres, como la reproducción de la Olympia colgada de un muro, en la que la mirada de Victorine Meurent está ligeramente modificada en relación con el original para fijarse en Zola. Sobre la mesa del despacho se distingue el folleto azul celeste que el escritor había redactado para defender a Manet. Junto a él se ven libros, un tintero y otros utensilios, al modo de un bodegón. Junto a la Olympia aparece una estampa japonesa y Los borrachos o El triunfo de Baco de Velázquez y, a la izquierda, parte de un biombo también nipón.
El entendimiento entre los dos hombres, sin embargo, no duró mucho: cada vez más perplejo por la evolución impresionista que conoció el estilo de Manet, bien lejos del realismo que él apreciaba, Zola acabó por romper todo contacto.

jueves, julio 01, 2021

De Caravaggio a Picasso, veinte naturalezas muertas que vivirán para siempre (VIII)

Manet daba una gran importancia a la naturaleza muerta que consideraba como "la piedra de toque del pintor". Harto de la pintura de historia y de todas esas "grandes máquinas" que estorbaban la pintura de su época, afirmaba: "Un pintor puede decir todo lo que quiere con frutas o flores e incluso con nubes. Como saben, a mí me gustaría ser el san Francisco de la naturaleza muerta".
Es verdad que, en la década de 1860, la naturaleza muerta estaba en boga; su nuevo esplendor surgió tras la caída de la antigua jerarquía –de la que se benefició tanto como el costumbrismo y el paisajismo–, el redescubrimiento de un cierto siglo XVIII y la gloria reciente de Chardin, aun cuando las reticencias seguían siendo numerosas frente a obras consideradas esencialmente decorativas y propias del talento femenino. Manet pinta naturalezas muertas durante toda su carrera, composiciones ambiciosas y simples bocetos; es la primera vez que una exposición reúne sesenta y cuatro de estas obras, principalmente pinturas, pero también dibujos y algunos grabados.
Bodegón con anguila y salmonete (1864). Óleo sobre lienzo y papel. 1864. Museo D'Orsay, París, Francia