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miércoles, septiembre 23, 2015

Mitos: Heracles se convierte en inmortal (II)

(cont.)
Otras representaciones artísticas:
Deyanira envía a su esposo Hércules la túnica impregnada con la
sangre del centauro Neso
. Miniatura extraida de Las Heroides de Ovidio.
Traducción de Octavien de Saint-Gelais, 1496-1498. Biblioteca Nacional de Francia, París
Etienne Parrocel: Deyanira raptada por el centauro Neso. Óleo sobre lienzo.
Fondation Calvet, Aviñón, Francia
Juan de Bolonia: Deyanira esposa de Hércules es raptada
por el centauro Neso
. Bronce. 
Hans Rottenhammer: Hércules, Deyanira y el centauro Neso, circa 1600.
Óleo sobre cobre. Kunsthistorisches Museum, Viena, Austria
Noël Coypel: Hércules, Deyanira y el centauro Neso, siglo XVIII.
Château de Versailles, París, Francia
Deyanira y Neso, principios del siglo XVIII. Plata, zafiros, madera.
Ausburgo, Alemania
Arnold Böcklin: Neso y Deyanira, 1898. Óleo sobre madera.
 Museum Pfalzgalerie Kaiserslautern, Rheinland-Pfalz, Alemania
Bartholomäus Spranger: Hercules, Deyanira y el centauro Neso, 1580 - 1582.
Óleo sobre lienzo. Kunsthistorisches Museum, Viena, Austria
Jean-Louis Lagrenee: El rapto de Deyanira por el centauro Neso, 1755.
Óleo sobre lienzo. Museo del Louvre, París, Francia 
Louis de Boullogne II: Neso y Dejanira, circa 1705. 
National Gallery, Londres, Reino Unido
Paolo Verones: Hércules, Deyanira y el centauro Neos, circa 1586.
Óleo sobre lienzo. 
Kunsthistorisches Museum, Viena, Austria
Antonio del Pollaiolo: Hércules, Deyanira y el centauro Neso, 1475-1480.
Óleo sobre madera transferido a lienzo,  Yale University Art Gallery, New Haven, Conneticut, Estados Unidos
Pedro Pablo Rubens: El rapto de Deyanira por el centauro Neso, circa 1640.
Decoración del pabellón de caza del rey Felipe IV.
Niedersächsisches Landesmuseum, Hannover, Alemania
Sebastiano Ricci: Hércules luchando contra el centauro Neso, 1706-1707.
Fresco. Palazzo Marucelli-Fenzi, Florencia, Italia
Hércules, Deyanira y Neso, circa 1474. Xilografía, pintada a mano
en rojo verde, amarillo y negro. Incunable alemán, traducción de
Heinrich Steinhöwel de la obra, De mulieribus claris de Giovanni Boccaccio 
Pisanello: El centauro Neso raptando a Deyanira, siglo XV. Piedra negra,
repasada con pluma y tinta marrón. Museo del Louvre, París, Francia

martes, septiembre 22, 2015

Mitos: Heracles se convierte en inmortal (I)

"Cumplirá doce trabajos y luego ocupará un lugar en las alturas". Teócrito, Idilios, XXIV.
Heracles tenía la fuerza de un dios, pero un cuerpo mortal, y finalmente murió tras disparar una flecha a Neso, un centauro que En un acceso de lujuria, intentó raptar a Deyanira, la esposa de Heracles. Éste vio a Neso intentando violar a su esposa desde el otro lado del río Eveno y le disparó una flecha envenenada de la sangre de la Hidra de Lerna.
Guido Reni: Rapto de Deyanira, 1620–1621. Óleo sobre lienzo.
Museo del Louvre, París, Francia
Como último acto de maldad, mientras agonizaba, Neso le dijo a Deyanira que su sangre aseguraría que Heracles le fuese siempre fiel. Deyanira le creyó, y cuando su confianza en Heracles empezó a menguar, untó una camisa con la sangre y se la dio a su marido, quien murió lenta y dolorosamente cuando la camisa quemó (con llamas reales o por el calor del veneno) su piel.
Juan de Bolonia: Heracles matando al centauro Neso, 1599.
Mármol. Piazza della Signoria, Florencia, Italia
Mientras era incinerado, del cielo cayeron rayos que la redujeron a cenizas, y oculto por una nube de la vista de sus compañeros, Zeus, entre truenos, lo transportó al Olimpo en su carro, donde Atenea, tomándole de la mano, lo presentó a los demás dioses. Todos los inmortales lo acogieron de buen grado. Incluso Hera, que lo adoptó mediante una ceremonia de renacimiento y lo consideró como a su hijo, casándole con su hermosa hija Hebe, con la que tuvo dos hijos, Alexiares y Aniceto. Hércules se convirtió en el portero del cielo y siempre está a las puertas del Olimpo hasta el anochecer, esperando que Artemis vuelva de su cacería para recibirla alegremente y ayudarle a llevar las presas de sus carro, regañándole si encuentra cabras y liebres: “Mata jabalíes, que pisotean la mies y acuchillan los árboles de los huertos, ¡mata toros y leones y lobos que dan muerte a los hombres! ¿pero qué daño te han hecho estas criaturas?”. Luego entre carcajadas desuella los cuerpos y come vorazmente los trozos que le apetecen.
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