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martes, noviembre 25, 2025

Libros: Veintidós cuentos picantes

Veintidós cuentos picantes 

Félix María Samaniego
Pepitas 
Logroño 
2025
104 págs.
Grabados de Noël Le Mire y Hubert Francois Gravelot
Edición de Alfonso Martínez Galilea
Presentamos de nuevo una selección de las inolvidables narraciones eróticas, jocosas y deslenguadas de tan ilustre y libertino escritor, editadas por Alfonso Martínez Galilea, prologadas por Joaquín López Barbadillo e ilustradas con grabados del siglo XVIII de Noël Le Mire y de Hubert François Gravelot. Una lectura fresca y acalorada a la par que saludable.
Félix María Samaniego [Laguardia, Álava, 1745-1801], sobrino del Conde de Peñaflorida y uno de los fundadores de la Sociedad Económica Vascongada, se había educado en Francia. […] Pero no era propagandista, y se contentó con ser poeta licencioso al modo de La Fontaine, pues sabida cosa es que los fabulistas, como todos los moralistas laicos, han solido ser gente de muy dudosa moralidad. Compuso, pues, Samaniego, aparte de sus fábulas, una copiosa colección de cuentos verdes, que algunos de sus amigos más graves (mentira parecería si no conociéramos aquel siglo) le excitaban a publicar, y que todavía corren manuscritos o en boca de la gente por tierras de Álava y La Rioja». —Marcelino Menéndez y Pelayo, Historia de los heterodoxos españoles, Libro VI.

lunes, agosto 31, 2015

Fábulas: Felix María Samaniego


Félix María Serafín Sánchez de Samaniego Zabala (Laguardia, Álava, 12 de octubre de 1745 – ibídem, 11 de agosto de 1801) fue un escritor español famoso por sus Fábulas.
Fábulas en verso para el uso del Real Seminario Bascongado. Tomo I y Tomo II / por Félix María Samaniego adornada cada fábula con una estampa; arregladas por Rodríguez, pintor; y grabadas por los Vázquez, Martí, Albuerne y Rodríguez






Fábula XIX (Tomo I)
Los dos amigos y el oso

A dos amigos se aparece un oso: 
el uno, muy medroso, 
en las ramas de un árbol se asegura; 
el otro, abandonado a la ventura, 
se finge muerto repentinamente. 
El oso se le acerca lentamente; 
mas como este animal, según se cuenta, 
de cadáveres nunca se alimenta, 
sin ofenderlo lo registra y toca, 
huélele las narices y la boca; 
no le siente el aliento, 
ni el menor movimiento; 
y así, se fue diciendo sin recelo: "Este tan muerto está como mi abuelo".
Entonces el cobarde, 
de su grande amistad haciendo alarde, 
del árbol se desprende muy ligero, 
corre, llega y abraza al compañero.
Pondera la fortuna de haberle hallado sin lesión alguna, 
y al fin le dice: "Sepas que he notado 
que el oso te decía algún recado. 
¿Qué pudo ser?" "Diréte lo que ha sido; 
estas dos palabritas al oído: 
"Aparta tu amistad de la persona 
que si te ve en el riesgo, te abandona".