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miércoles, septiembre 30, 2015

¿El e-book ¿mató al libro?

Quince años después de que la pregunta se instalara (y de que los chistes, como el de abajo, que exageran la oposición entre uno y otro proliferaran) podemos responder que no. De hecho, lo que los especialistas auguran es, por lo menos durante un buen tiempo, una amistosa convivencia. Y esto porque cada formato aporta lo suyo. 
El libro impreso nos da un placer al que nos hemos acostumbrado: su peso, su aroma, la posibilidad de recorrer sus páginas con los dedos... además de que lo podemos llevar a todos lados. Los libros digitales ofrecen otras ventajas: gran capacidad de almacenamiento (se pueden llevar muchos libros en un dispositivo, algo genial para viajes tanto cortos como largos), la posibilidad de configurar el tamaño de la letra (ideal para quienes tienen problemas de visión) y un precio final más barato. 
Así que hoy es normal leer en los dos soportes. Incluso hay personas que se compran la misma obra en versión digital e impresa: por ejemplo, la primera para leer en viajes y la segunda para atesorar. Y además la industria ha inventado aplicaciones que permiten que lo electrónico y lo impreso se potencien: de esta manera, pasando un dispositivo por sobre un libro, se nos puede abrir un video, una canción, una animación. 
Tal vez la pregunta no sea tanto en qué formato se lee hoy en día, sino cómo se lee. Este parece ser un cambio más trascendente, más revolucionario que el del soporte: la lectura actual que tiende al fragmento, a la descontextualización, y a relacionar leer y escribir como práctica mezclada, lectura y producción propia, del tipo que sea (transcribir, retocar, postear, extractar para sí...).
En Boletines nº 180 (boletines@librosenred.com)

martes, junio 10, 2014

Controversias


¿Mates para los hombres, Letras para las mujeres?
Enric Renau. Editor (09/06/2008)
Que el informe PISA indique que hay diferencias de resultados entre jóvenes de sexo masculino y femenino no hace otra cosa que ratificar la influencia de los condicionantes sociales sobre las competencias básicas individuales y, por consecuencia, sobre sus elecciones académicas y su carrera profesional.
Me sorprende que, en el siglo XXI, aún persistan los tópicos sobre el “género” de los estudios y las profesiones de ciencias y de letras, como si las mujeres hubieran nacido para la literatura y la poesía y los hombres para la ciencia y la tecnología.
¿La cocina es sólo cosa de mujeres? Preguntádselo a Ferran Adrià, Santi Santamaría o Juan Maria Arzak. ¿El deporte es sólo cosa de hombres? No se que nos dirían la nadadora Érika Villaécija, la piloto de trial Laia Sanz o la tenista Arantxa Sánchez Vicario. Y la presidencia política de un país… ¿está prohibida para las mujeres o los afroamericanos? ¿Notáis alguna diferencia entre un taxista o chofer de autocar masculino o femenino?
Que el informe PISA u otros instrumentos de evaluación indiquen que hay diferencias de resultados entre jóvenes de sexo masculino y femenino no hace otra cosa que ratificar la influencia de los condicionantes sociales sobre las competencias básicas individuales y, por consecuencia, sobre sus elecciones académicas y su carrera profesional.
De mismo modo que no existe un gen ruso del ajedrez, ni un gen keniata para los maratones ni un gen estadounidense para el hip-hop, tampoco existe el gen masculino de la geometría o el gen femenino del soneto.
Los estereotipos sociales y culturales se reproducen, generación tras generación. A medida que las “tribus” se abren y reciben influencias de otros entornos, van aceptando visiones relativas que rompen moldes a los que la tradición esta acostumbrando. Romper los moldes es, a veces, un ejercicio social traumático, que desgarra estructuras de poder tradicionales y modifica el estatus quo, no sólo, entre hombres y mujeres, sino también, entre una sociedad tradicionalista y una sociedad basada en los méritos.
En nuestro mundo, sin embargo, los medios de comunicación no ayudan a cambiar los estereotipos. Aunque los telediarios se esfuercen en dar la versión oficial no sexista de las profesiones y de los estudios, las series de ficción y los programas de entretenimiento tienden, constantemente, a situar a los hombres, en un lado, y a las mujeres en otro. Aunque no lo parezca los massmedia y las modas son profundamente conservadoras, incluso en su dimensión más transgresora y provocativa.
Tenemos que ser valientes, para el bien de todos. Mujeres y hombres.
Enric Renau
Un estudio niega el tópico que las mujeres tienen más dificultades con las matemáticas que los hombres
Redacción de Educaweb.com (16/06/2008)
Un estudio publicado en la revista Science ha revelado que las diferencias entre los dos sexos respecto a las matemáticas se reducen en las sociedades en las que las mujeres están más emancipadas. Este informe contradice la conclusión de que las mujeres tienen dificultades en matemáticas debido a sus características biológicas, corroborada por estudios como el Informe PISA de la OCDE, que muestra que las niñas puntuaron un 2% menos que los niños en pruebas numéricas.
Según el estudio publicado en Science las diferencias de rendimiento en matemáticas entre chicos y chicas son en realidad muy pequeñas, llegando a equipararse las puntuaciones en países como Islandia, Suecia y Noruega.
El informe incide en el origen social de los entrevistados. Según los investigadores, existe una clara relación entre la desigualdad en matemáticas (medida en 40 países) y los indicadores de emancipación como el llamado índice de desigualdad de género, definido por el Foro Económico Mundial para medir las oportunidades políticas y económicas, la educación y el bienestar de las mujeres.
Hasta ahora, muchos científicos atribuían la disparidad de los resultados a las diferencias biológicas y, aunque es cierto que existen diferencias cognitivas entre hombres y mujeres, no está clara su influencia en las habilidades matemáticas.