El emperador Claudio, que impartía justicia a orillas del Tiber, ordenó que el abogado Julio Gálico fuera ahogado en el río por discutir con él. Poco después, un cliente intentaba convencer a Domicio Afro para que lo defendiera ante el emperador. Afro se negó y le preguntó con ironía: "¿Acaso crees que nado mejor que Gálico?"
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