domingo, junio 07, 2026

Libros: La casa de Leyla

La casa de Leyla

Zülfü Livaneli
Traducción de Carlos Ortega Sánchez
Galaxia Gutenberg
Barcelona 
2026
296 págs.
Notable novela del escritor turco Zülfü Livaneli, la tercera suya publicada por Galaxia Gutenberg tras Serenata para Nadia y A lomos del tigre. Un desmán inmobiliario expulsa a Leyla, “la Señora”, de su mansión en la orilla asiática del Bósforo, que sus nuevos propietarios pretenden convertir en una casa de invitados. Yusuf, un joven periodista, nieto del jardinero de la mansión, se ofrece a acogerla en su piso de alquiler en un barrio bohemio de Estambul, donde vive con una cantante de hiphop llamada Roxy. ¿Cómo asimilará la anciana ese cambio, la mudanza de la tranquilidad a “la pobreza, la mugre y la hostilidad”?
Con un estilo diáfano, el autor presenta un mundo de contrastes entre Oriente y Occidente, entre lo viejo y lo nuevo, la tradición y la modernidad. Hay un abismo entre los personajes, pero la curiosidad se impone, y, pese a las dificultades de la convivencia, la irascible Roxy, criada en Alemania –lo que da pie para abordar los estragos de la emigración–, acaba aceptando a Leyla, y viceversa; al fin y al cabo, ambas son mujeres a la deriva y se completan la una a la otra.
La novela sigue a esos tres personajes, pero también a los nuevos dueños de la mansión, una familia que se ha enriquecido con el comercio y no tiene ningún apego al pasado. Los desencuentros entre el patriarca, Ali Yekta Bey, un hombre con sentido de la justicia y el decoro, su hijo Ömer y su nuera Necla reproducen esa escisión entre el ayer y el hoy, subrayada, igualmente, por la figura del abuelo de Leyla, el bajá Abdullah Avni, y la odisea que este vivió en la Turquía que emergió tras la Primera Guerra Mundial. Incluso comparece Atatürk, “el padre de los turcos”, que cambió el fez y el turbante por los sombreros.
No es de extrañar el éxito de las novelas de Zülfü Livaneli en su país de origen. Sincero humanista (y crítico con el gobierno del presidente Erdoğan), sus obras reflejan bien las dos caras de la república y contienen un mensaje de esperanza frente a la opresión de los poderosos. El final, un tanto apresurado, nos recuerda que la codicia solo trae dolor e infelicidad, y que no hay mayor servidumbre que la ciega ambición.

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