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jueves, octubre 29, 2015

Mitos: Las hazañas de Belerofonte (II)

(cont.)
El mito fue trasladado a la Ópera en dos ocasiones: 
  • Con el título de Bellérophon (Belerofonte, LWV 57), se conoce a una tragedia musical estructurada en un prólogo y cinco actos compuesta por Jean-Baptiste Lully en 1679 con libreto de Thomas Corneille y Fontenelle, basado en parte de la Teogonía de Hesíodo. Philippe Quinault había escrito ya en 1665 un libreto sobre el tema de Belerofonte, héroe que derrotó a la Quimera montado en su caballo, Pegaso. Es a petición del rey que Thomas Corneille, tras el escaso éxito de Psyché, escribió el libreto, aunque Fontenelle reclamó la autoría en 1741. La obra se representó en la Académie Royale de Musique, el 31 de enero de 1679, y siguió representándose durante nueve meses con el siguiente reparto: Gaye (Apolo), el rey (Baco), Arnoul (Pan) en el prólogo, Beaumavielle (Jobate, rey de Licia), Mlle Saint-Christophle (Sthénoboée, viuda de Praetus, rey de Argos), Mlle. Aubry (Philonoé, hija de Jobate), Clédière (Belerofonte), Nouveau (Amisodar), el rey (La Pithie), Mlle. de La Prée (Pallas), Pulvigny (Un sacerdote). El éxito fue tal que Lully decidió hacer imprimir por primera vez una partitura suya en la prestigiosa imprenta C. Ballard.

  • Il Bellerofonte (título original en italiano; en español, Belerofonte) es una ópera seria en tres actos con música de Josef Mysliveček y libreto en italiano de Giuseppe Bonecchi, basado en el mito griego de Belerofonte. Se estrenó en el Teatro de San Carlos de Nápoles el 20 de enero de 1767. La ópera fue un encargo para festejar el cumpleaños del rey de España Carlos III y fue precedida en la representación de una cantata compuesta por el mismo compositor. El éxito obtenido en el Teatro San Carlos llevó a posteriores representaciones, entre las cuales destacan la de 7 de mayo de 1767 en Siena y la del año 1768 en Praga, la cual glorificó Mysliveček como compositor de fama incluso en su ciudad natal. Entre los cantantes de la época que destacaron con este trabajo se recuerdan a Anton Raaff y Caterina Gabrielli. La primera y única grabación de esta ópera se produjo en el año 1987 bajo Zoltan Pesko con el Coro Filarmónico Checo y de la Orquesta de Cámara de Praga.
Portada del libreto para su representación en Siena, 1767

miércoles, octubre 28, 2015

Mitos: Las hazañas de Belerofonte (I)

Belerofón o Belerofonte, también Belerofontes era un héroe de la mitología griega, cuyas mayores hazañas fueron matar a la Quimera y domar al caballo alado Pegaso. Era el hijo del rey Glauco de Corinto y de Eurímede, aunque algunas tradiciones le hacen hijo de Poseidón y Eurínome.
Quimera. Cerámica. Plato de figura rojas, Apulia,  350-340 a. C.
Museo del Louvre, París, Francia
Su nombre original era Hipónoo o Leofontes, sin embargo se lo cambió por el de Belerofonte (que significa “asesino de Belero”) después de haber matado accidentalmente a un tirano de Corinto llamado Belero. En otras versiones, mató accidentalmente a un hermano suyo a quien se le llama Deliades, Pirén o Alcímenes.
Cuando involuntariamente mató a su hermano, abandonó Corinto y se dirigió como suplicante, para purificarse, a la ciudad de Tirinto, a la corte del rey Preto. El rey Preto acogió a Belerofonte como huésped y lo purificó. La esposa del rey, llamada Estenebea (o Antea según otras fuentes) se enamora de él y trata de seducirlo, pero Belerofonte se niega a sus deseos.
Estenebea, ofendida, para vengarse por este desaire lo acusa falsamente de intentar seducirla o violarla. El rey de Tirinto se pone furioso creyendo verdadera la historia de Estenebea, pero no queriendo faltar a las sagradas leyes de la hospitalidad con la muerte directa de un huésped, encarga a Belerofonte llevar una carta sellada de recomendación, según dice, a su suegro el rey Ióbates (o Yóbates) de Licia, padre de Estenebea. En la carta, en realidad, le pedía al rey Iobates que diera muerte a Belerofonte.
Desconociendo las intenciones de Preto, Belerofonte llega a Licia. El rey Ióbates dispensó una afectuosa acogida a Belerofonte, con grandes muestras de hospitalidad. Los primeros nueve días se la pasaron en festejos. En la mañana del décimo día, el rey Ióbates abrió la carta que le entregara su huésped.
Para cumplir el encargo pidió como servicio a Belerofonte matar a la Quimera con la esperanza de que la fiera acabara con él. La Quimera era hija de Tifón y Equidna o de la Hidra de Lerna y tenía cabeza de cabra que exhalaba fuego, cuerpo de león y cola de dragón.
La fiera asolaba los fértiles campos y devoraba el ganado. Antes de emprender esta difícil tarea, Belerofonte consultó al adivino Poliido, quien le aconsejó capturar al caballo alado Pegaso. Pegaso era querido por las musas del monte Helicón, ya que con un golpe con su pata había hecho brotar la fuente de agua Hipocrene de la tierra.
Belerofonte no encontró a Pegaso en el monte Helicón, sino en la fuente Pirene en la Acrópolis de Corinto. La diosa Atenea entregó a Belerofonte una brida de oro para domarlo, y que Belerofonte colocó sobre su cabeza. En otras versiones, Atenea le entregó directamente a Pegaso después de haberlo domado ella misma o fue Poseidón el que le entregó a Pegaso.
Alexander Andreyevich Ivanov: Belerofonte es enviado a matar a la Quimera, 1829. 
Una vez armado se dirigió a confrontar a la Quimera. Montó a Pegaso y volando sobre la fiera, empezó a lanzarle flechas. Luego, introdujo la punta de su lanza en las fauces del monstruo, cuyo aliento de fuego fundió la punta de plomo; este se escurrió por su garganta, quemando los órganos vitales y de esta manera Belerofonte logró vencerla.
Tras ello, Ióbates le encargó combatir a los sólimos, unos vándalos que asaltaban la zona y cometían vandalismo, y posteriormente contra las Amazonas, las mujeres guerreras. Ambas empresas fueron realizadas por Belerofonte satisfactoriamente. Aún quiso matarle Ióbates a pesar de todo y preparó una emboscada contra él, enviando a sus mejores hombres, pero Belerofonte mató a todos. Finalmente Ióbates ofreció a su propia hija como esposa a Belerofonte y tuvieron tres hijos: Laodamía, Isandro e Hipóloco.
En algunas tradiciones, Antea se suicidó tras conocer la boda de Belerofonte. En otra tradición, él decidió hacerla pagar por su traición, por lo que fingió estar enamorado de ella y así la convenció de huir con él hacia Tirinto. Volando sobre el lomo de Pegaso, Belerofonte se encaminó hacia el mar y empujó a Antea a las aguas, quien cayó sobre las rocas de la costa.
Belerofonte matando a la Quimera. Escena pintada en el final
de una epinetron ático, alrededor de 425 a 420 a. J-C.
Belerofonte fue luego odiado por los dioses por motivos desconocidos y en cierta ocasión quiso llegar al Monte Olimpo montado sobre Pegaso. Sin embargo, el dios Zeus no fue tomado por sorpresa y clavó un aguijón en Pegaso por lo que logró enfurecerlo. Belerofonte no pudo tranquilizar al caballo y esto provocó que su jinete perdiera el equilibrio y se precipitase al vacío.
Según una tradición, Belerofonte logró sobrevivir la caída. Sin embargo, quedó cojo o ciego y terminó vagando por la llanura Aleya. Pegaso, por su parte, se remontó hacia el cielo donde se inmortalizó como una constelación. En otra versión, Belerofonte se precipitó al suelo por vértigo o terror y murió en la caída.
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Epinetrón: Aunque con forma de vaso, se trata de un utensilio de terracota cuya forma de teja terminada en un cascarón obedecía a un uso preciso. Estaba hecho para cubrir la rodilla, y servía para hilar la lana enrollada en la parte superior del mismo que no estaba decorada.
Epinetrón  de Eretria, escenas de gineceo, 430 a. C.
Se colocaba tal como muestra el dibujo: 

Fuente:
Pablo Soriano (2000). La mediación figurativa como Historia del Habitar público y privado. Vol. II. Nobuko: Argentina, pág. 200.
Profesora Adriana Assandri. Escultura y Pintura Griega. St. Brendan’s School. Presentación Powerpoint.
(cont.)

jueves, octubre 22, 2015

Mitos: La muerte de Medusa.

Perseo es un semidiós de la mitología griega, hijo de Zeus o Preto y la mortal Dánae. La tradición le atribuía la fundación de Micenas.
Según la versión del Pseudo-Apolodoro y la de Pausanias, un oráculo había anunciado a Acrisio, rey de Argos, que moriría a manos de su propio nieto. Para evitarlo, Acrisio hizo encerrar a su hija Dánae en una torre de bronce (o en una cámara subterránea de ese material) para impedir que tuviera trato con ningún varón. Sin embargo, el rey de los dioses, Zeus, se transformó en una lluvia de oro que cayó en Dánae desde el techo y la dejó embarazada. Pero había otra tradición que decía que había sido Preto, hermano de Acrisio, quien había seducido a Dánae. 
Michelangelo Merisi da Caravaggio: Cabeza de Medusa, 1598.
Óleo sobre tela y tabla. Galería Uffizi, Florencia, Italia
En cualquier caso, la princesa concibió a Perseo. Al enterarse Acrisio, no creyendo divino el nacimiento del niño, lo arrojó con Dánae al mar en un cofre de madera. El mar fue calmado por Poseidón a petición de Zeus, y la madre y el hijo sobrevivieron y alcanzaron la costa de la isla de Sérifos. En esa isla gobernaba el rey Polidectes, y su hermano Dictis recogió a la mujer y al niño, al que criaría como si fuera su hijo.
Invitado a cenar por el rey Polidectes, Perseo y sus amigos discutieron qué regalos deberían llevar a su anfitrión. La mayoría decidió llevarle un caballo, pero Perseo que no tenía ninguno, dijo que le llevaría la cabeza de Medusa, una espantosa gorgona y  podía convertir en piedra a los hombres sólo con la mirada.
Perseo sosteniendo la cabeza de Medusa. Siglo I.
Fresco. Pompeya, Italia.
Perseo partió, guiado por los dioses Atenea y Hermes, en busca de las hijas de Forcis: las Grayas, hermanas de las gorgonas. Las grayas eran tres ancianas que sólo tenían un ojo y un diente para las tres, y se los iban pasando una a otra. Perseo les arrebató el ojo y el diente, y, a cambio de devolvérselos, las obligó a confesar dónde vivían las ninfas. Las ninfas le dieron un zurrón magico para contener la cabeza sin peligro, unas sandalias aladas y el casco de Hades, que hacía invisible a quien se lo ponía. Hermes le dio una hoz hecha de diamantes, y Atenea le entregó un escudo de bronce, brillante como un espejo.
Pertrechado con estos objetos, Perseo llegó a introducirse en la morada de las Gorgonas, que, como las Grayas, eran hijas de Forcis. Mientras estaban dormidas las Gorgonas, Perseo se acercó a ellas. Atenea guió la mano de Perseo, que además usó como espejo el escudo de bronce que le había prestado la diosa para ver a Medusa sin mirarla directamente. Así, Perseo alcanzó a cortar la cabeza de la Gorgona, de la que nacieron el caballo alado Pegaso y el gigante Crisaor, y la guardó en el zurrón que le dieran las ninfas y huyó. Esteno y Euríale, las hermanas inmortales de Medusa, buscaron a Perseo pero no pudieron encontrarlo porque el casco de Hades lo hacía invisible.
Benvenuto Cellini: Perseo, 1554.
Brocen. Loggia dei Lanzi, Florencia, Italia