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miércoles, octubre 09, 2019

Grecia: Atenas (III)

Vista panorámica de Atenas
Vista nocturna de la Acrópolis
Símbolos griegos en el monte Lycabettos: La bandera griega y el olivo
Autoría: Silvia Cano Moreno

jueves, julio 19, 2018

Libros: Atenas: El lejano eco de las piedras

Atenas 

El lejano eco de las piedras

Mario Agudo Villanueva
Confluencias
Almeria
2018
440 págs.
Desde la mítica cima de la Acrópolis, símbolo clásico de Atenas, nuestra mirada se detiene en las verdes y pedregosas colinas de las musas y las ninfas, los restos del Ágora antigua limitada por el Areópago y la Kolonos Agoraios, el Ágora romana y la Biblioteca de Adriano, las refrescantes praderas del Iliso o el sobrecogedor barrio del Cerámico. Más allá del valor estético de estos espacios arqueológicos, las ruinas que los conforman han desafiado el paso del tiempo como testigos de una época remota que resulta esencial para comprender nuestro presente. Solón, Clístenes y Pericles forjaron con sus reformas un sistema de participación política innovador, bautizado por ellos mismos como democracia. Sócrates, Platón, Aristóteles, Epicuro, Diógenes o Zenón alumbraron en sus pórticos y gimnasios las bases del pensamiento filosófico occidental. Esquilo, Sófocles, Eurípides o Aristófanes pusieron los cimientos de la tragedia y la comedia. Fidias, Ictino y Calícrates llevaron la arquitectura y la escultura a los niveles de mayor desarrollo conocidos hasta entonces. Política, literatura, filosofía, arte y ciencia, entre otras disciplinas, adquirieron un impulso determinante en esta milenaria ciudad. Atenas. El lejano eco de las piedras nos propone entender estos espacios no por lo que son, sino por lo que fueron y lo que significan. Estas ruinas son el testimonio material de un legado inmaterial que estamos obligados a mantener vivo porque representa el fundamento de nuestra civilización.
El largo recorrido histórico de la ciudad más luminosa de Grecia está de nuevo excelentemente evocado en este relato de Mario Agudo, que acierta a combinar conocimientos muy precisos, muy bien actualizados, de manera muy atractiva y vivaz.

viernes, agosto 28, 2015

Mito: El enfrentamiento de Poseidón y Atenea

Poseidón era el dios del mar (olímpico de primera generación, hijo de Cronos y Rea), junto con Zeus y el dios de los infiernos, Hades, una de las grandes deidades del panteón de la antigua Grecia. Estaba en posesión de un gran poder, con el que provocaba maremotos y tempestades  de una magnitud que hacía temblar a los mortales. En el instante en que se sentía frustrado o vencido, era capaz de provocar grandes inundaciones, que es lo que sucedió cuando compitió por el poder sobre Atenas.
Poseidón de Artemision (bronce, s. V a.C)
Los dioses compitieron por el poder sobre la mayor ciudad de Grecia y sus alrededores: Ática. Atenea y Poseidon deseaban ser los patrones de la ciudad, y para decidir cuál de los dos ganaría ese título, resolvieron competir para ver quién les concedía el mejor regalo a sus habitantes.
Poseidón fue a la Acrópolis (La acrópolis era, literalmente, la ciudad alta, situada en una colina), y golpeó la tierra con su tridente, de donde brotó un arroyo de agua salada. Atenea creó un un regalo mucho más útil: el primer olivo, que plantó en la misma Acrópolis. Pero para que la decisión fuera justa, Zeus convocó a todos los dioses para que fueran testigos de las pruebas, incluido el testimonio de Cecrope, rey de Ática, que confirmó que el árbol de Atenea era el primer olivo de la Acrópolis, el cual dio alimento a los ciudadanos. 
Frontón del Parthenón. Atenea y Poseidón luchan por
el patronazgo de la ciudad
Enfurecido Poseidón tras la decisión y lanzó su tridente al mar Egeo con una enorme explosión. Una gran ola se alzó y cayo sobre la llanura de Eleusis, donde se hallaba Atenas. Aunque estuvo inundada durante mucho tiempo, la ciudad acabó recuperándose, y los atenienses pudieron volver a disfrutar de la comida, el aceite y la madera de los olivos de Atenas.
Sobre este mito hay otras variantes:
Una de ellas narra: que los propios atenienses eligieron por votación a uno de los dos dioses para que diera nombre a su ciudad. 
Todas las mujeres votaron por Atenea. Todos los hombres por Poseidón. Ganó Atenea por un solo voto y (al igual que en la anterior) como represalia, Poseidón inundó la región. Para calmar la cólera de Poseidón, se optó por que las mujeres dejaran de tener derecho al voto y los hijos no podrían tener nombres derivados del nombre de la madre. 
Atenea y Poseidón disputándose la ciudad de Atenas;
en el centro, un olivo.
En otra versión, Poseidón inventaba el primer caballo, a pesar de lo cual se prefería el regalo de Atenea. Se cree que esta historia alude a un enfrentamiento entre los habitantes de la época micénica y los inmigrantes posteriores.
Resulta interesante advertir que Poseidón, a pesar de no haber sido elegido por los atenienses, no dificultó que Atenas fuera una importante potencia marítima, llegando a derrotar a la flota persa en la batalla de Salamina cerca de la isla Salamina en 480 a.C.
Atenea fue también la diosa protectora de otras ciudades, notablemente Esparta.