Los navegantes
Traducción de Daniel Sancosmed Masiá
Tusquets
2026
640 págs.
De Erika Fatland (Noruega, 1983), prestigiosa escritora de libros de viajes, se han publicado Sovietistán (2018) y La frontera (2021), dos libros sobre la antigua URSS, y el relato de un viaje a los países que rodean el Everest, Himalaya. Su nuevo libro lleva como subtítulo “un viaje a través del Imperio perdido de Portugal”.
Para escribirlo, la autora ha visitado 29 países. “Durante tres años he viajado por el Imperio perdido de Portugal, desde Ceuta, en el norte, hasta Mozambique y Timor Oriental, en el sur; desde la Amazonia, en el oeste, hasta Nagasaki, en el este”. Especialmente llamativo es lo que se cuenta de Timor Oriental, Goa y Macao. En Goa hubo un importante asentamiento para acometer los objetivos comerciales de estos viajes, que no eran otros que encontrar nuevas rutas marítimas para agilizar el tráfico de especias, un millonario negocio en esos años. Timor Oriental fue ocupada por Indonesia tras la salida de Portugal en 1975, pero en 2002 consiguieron su independencia. El territorio de Macao, donde los portugueses se establecieron en 1557, fue devuelto en 1999 a las autoridades chinas. El libro contiene mucha información sobre la historia de los lugares que menciona. Para ello, la autora tiene que sintetizar los hechos más importantes, lo que a veces le lleva a realizar comentarios un tanto epidérmicos. Como en sus anteriores obras, Fatland incorpora el ingrediente humano. “Por el camino –escribe– he conocido a orgullosos luchadores por la libertad y a personas con cicatrices de guerra y de opresión; he conocido a comunistas y capitalistas, a veces románticos y nostálgicos, y a un montón de jóvenes impacientes que no tienen tiempo para mirar atrás porque bastante tienen con lidiar con un presente descarrilado”. Como son muchos los países que visita, son muchos los relatos que narra, lo mismo que los personajes históricos con los que se topa, unos con un protagonismo épico (Enrique el Navegante, Vasco da Gama, Pedro Álvares Cabral, Bartolomeu Días…) y otros que llevan a cabo empresas esperpénticas, como la que vive en la isla de Santa Elena el marinero Fernāo Lopes. La autora intenta explicar también por qué fue precisamente Portugal, un país pequeño en dimensiones, quien se convirtió en el primer imperio global, consiguiendo el monopolio de materias primas muy codiciadas (nuez moscada, clavo, pimienta, canela, algodón, seda, porcelana…), en perjuicio de los ingleses y neerlandeses, muy activos también en África y en el océano Índico.

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