El retiro
Traducción de José Gabriel Rodríguez Pazos
Libros del Asteoride
Barcelona (2026)
Libros del Asteoride
Barcelona (2026)
288 págs.
Una novela sobre el perdón que ofrece una mirada profunda a la posibilidad de despojarnos de lo superfluo y vivir una vida en armonía con el mundo.
Agotada por su trabajo y en plena crisis existencial, una mujer abandona Sídney y a su familia para pasar una temporada en una pequeña comunidad religiosa situada en una zona rural de Australia. Aunque no es creyente ni sabe lo que es rezar, poco a poco se adapta al ritmo de vida de las hermanas y se deja llevar por la tranquilidad de ese remoto lugar. A medida que descubre un placer desconocido en las tareas cotidianas, sencillas y repetitivas, y aprende a apreciar la belleza del silencio y de la naturaleza que la rodea, la percepción del tiempo se difumina y los acontecimientos del pasado resurgen en su memoria y adquieren otro significado; pero la realidad exterior, implacable, amenaza esa paz recién encontrada.
La posibilidad de vivir en armonía con el mundo, la verdadera naturaleza del perdón o los rastros que deja el dolor en el alma humana son algunos de los temas que explora esta novela meditativa, conmovedora y minuciosamente construida. Aclamada por la crítica, El retiro es, sin duda, la mejor novela de una de las grandes escritoras australianas contemporáneas.
Al comienzo de El retiro hay una decisión sorprendente, que se irá entendiendo –aunque siempre con un velo de misterio– en el desarrollo posterior: la protagonista y narradora (lo que leemos son sus anotaciones en una especie de diario), que ha dedicado su vida a la conservación de especies en peligro de extinción y que acaba de separarse, abandona su activismo por la quietud de una pequeña comunidad de monjas perdida en medio de la nada. Lo que no ha abandonado es su increencia religiosa, aunque con el paso del tiempo va aprendiendo a apreciar los ritmos y las virtudes de esa forma de vida: la cadenciosa repetición de rezos, el silencio, el abandono, el cuidado de la tierra y de los demás.
Con todo, la comunidad no es una balsa de aceite. Hay remordimientos, envidias, pequeñas frustraciones… Dos hechos agitan las aguas de manera especial. Por un lado, una plaga de ratones que va en aumento y que nadie sabe cómo parar. Pese a que la autora nunca hace explícita la conexión –hay una voluntad antisimbolista y antididáctica en toda la novela–, los ratones recuerdan la contumacia con que la vida exterior roe incansablemente la interior.
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