viernes, abril 24, 2026

Libros: Sobre Dios

Sobre Dios

Byung-Chul Han
Traducción de Lara Cortés Fernández
Paidós
Barcelona 
2025
144 págs.
El último libro de Byung Chul-Han, el filósofo actual más conocido, merece ser leído al menos por tres motivos.
Primero, porque si no lo leemos, no llegaremos a tener una visión integral de su pensamiento. A Han se le ha reprochado durante años no haber acompañado la aguda e implacable crítica que ha hecho sobre lo que denomina el “régimen neoliberal de la autoexplotación” con propuestas de un futuro mejor. En este libro presenta esa alternativa, que no es tanto política como religiosa, y que no incide tanto en la transformación social como en la del corazón.
Segundo, porque nos aproxima al pensamiento de Simone Weil, la enorme filósofa y mística francesa de la primera mitad del pasado siglo. Si bien en los últimos veinte años su pensamiento ha sido objeto de creciente interés, y ahora está presente hasta en el título del último disco de Rosalía, no es fácil de comprender, porque su lenguaje es muchas veces elíptico. Byung-Chul Han, en un ejercicio de genuina humildad intelectual, no solo nos manifiesta su fascinación por el pensamiento de esta judía de corazón católico, sino que lo presenta de forma asequible y atractiva: el coreano no desea hablar a través de Weil, sino que sea ella quien hable a través de él.
Y tercero, porque en un presente atenazado por el miedo y la angustia ante el futuro, Han nos ofrece un consistente horizonte de esperanza. En uno de sus anteriores libros, Sobre el espíritu de la esperanza (2024), subrayaba que la esperanza es un estado de ánimo mesiánico porque nos abre las puertas al futuro, a lo venidero, a lo que aún se está gestando. De la mano de Simone Weil, ahora nos da las pistas para que esa esperanza prenda en nuestras mentes y corazones.
Cada uno de los siete capítulos del libro, tan breve como casi todos los suyos, se centra en un concepto fundamental de Weil: atención, descreación, vacío, silencio, belleza, dolor, inactividad. Cada uno de esos términos tiene un significado específico en el pensamiento de Weil, y Han nos lo explica y destaca su importancia en la actualidad. La atención, el más nuclear en la filosofía de la pensadora francesa, consiste en crear en uno mismo el vacío que permite recibir al otro tal como es, en su otredad y sin injerencia ni mezcla del yo. Solo así nos abrimos a la realidad y concretamente a Dios, que es lo indisponible. La atención, por tanto, es lo contrario de la percepción voraz, que se traga cuanto se le ofrece para apropiarse de la realidad y del prójimo.
Como es habitual en él, Han insiste en la superioridad de la vida contemplativa sobre la activa. Por eso, se podría llegar a pensar que para él la vida plena solo es posible en la contemplación que desconsidera la acción. Pero en absoluto es así. Como dice el propio Han, “se trata de dar al trabajo un carácter contemplativo, espiritual, de elevarlo hasta el punto más alto, el de la plenitud de la atención, que es la plenitud de la oración”. La actividad que repudia Han es la que, al no albergar en su corazón un silencio contemplativo, degenera en la esclavitud del rendimiento y la eficiencia. “Es el silencio lo que espiritualiza la acción humana; calma la actividad hasta convertirla en inactividad”, hasta convertirla en contemplación

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