sábado, septiembre 03, 2016

Libros: Vivir

Vivir

Anise Postel-Vinay con Laurel Adler
Traducción y semblanzas de Laura Naranjo Gutiérrez
Prensa errata naturae
Madrid
2016
112 págs.
«Durante la guerra, perdí la capacidad de dormir a pierna suelta y nunca más la recuperé. A menudo tengo la misma pesadilla: la Gestapo me persigue. Pero corro tan rápido que me despierto».
Detenida el 15 de agosto de 1942 y deportada, más tarde, al campo de concentración de Ravensbrück, Anise Postel-Vinay nos ofrece en estas poderosas y estremecedoras páginas un relato autobiográfico de una humanidad más alta que la propia barbarie.
Sin duda, hay muchos libros sobre los campos de concentración nazis, pero no son tantos, ni tan «exactos», los que nos hablan de las experiencias femeninas en la Resistencia francesa.
«La solidaridad entre mujeres nos salvaba. Era una necesidad vital. Nos ayudábamos mutuamente. Cuando una amiga caía enferma, hacíamos todo lo posible por ayudarla».
En aquel famoso campo de concentración situado al norte de Berlín —a casi cien kilómetros—, y al que serían llevadas, para ser confinadas o morir, más de 130.000 mujeres, el horror era algo ordinario, pero la amistad y el compañerismo también. De todo ello da cuenta este libro prodigioso en su verdad y en su emoción contenida, un testimonio que leemos hoy como si fuera la ficción de un tiempo lejano y terrible, aunque siempre acechante.
A los diecinueve años, Anise entró a formar parte del Servicio de Inteligencia de la Resistencia Francesa. El 15 de agosto de 1942, a los veinte años, fue detenida y llevada ante la Gestapo. Estuvo en las cárceles de La Santé y Fresnes antes de ser deportada a Ravensbrück en octubre de 1943. En las cárceles y en el campo de concentración convivió con Germaine Tillion y Geneviève de Gaulle-Anthonioz, resistentes como ella, y se hicieron grandes amigas. El 27 de mayo de 2015, según la tradición francesa de honrar a sus personajes ilustres (no militares) acogiendo sus cenizas en el Panteón de París, se celebró una gran ceremonia para amparar las de Germaine Tillion, Geneviève de Gaulle-Anthonioz, Jean Zay y Pierre Brossolette en dicho monumento: han sido los últimos personajes históricos honrados con dicha admisión.

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