lunes, septiembre 18, 2017

Libros: La reina del aire

La reina del aire

Los mitos griegos de la nube y la tormenta

John Ruskin
Pepitas de calabaza
Logroño 
2017
200 págs. 
Ruskin decía que su mente trabajaba “como un símil de Virgilio, muchos pensamientos en uno”. Los mitos griegos se entrelazan en La reina del aire como un “sedoso damasco” que su autor se encarga de desurdir para nosotros mediante un diálogo constante con el lector. Una vez dejamos que Ruskin nos guíe a través de los mitos de Atenea, resulta difícil volver a pensar en ellos, si es que alguna vez lo hemos hecho, como historias excéntricas u obsoletas. Por el contrario, la interpretación que nos brinda resulta tan perspicaz y elocuente que plantea cuestiones tan urgentes como dispares. Por eso, al leer sobre los fundamentos de la arquitectura, las familias de plantas o las deficiencias del modelo económico, no hay que tirar de los temas como hilos molestos que sobresalen de un tejido. Todos tienen su lugar, y veremos que se entretejen hermosa y sabiamente si aprendemos a confiar en la unidad que preside una obra tan rica y compleja como La reina del aire.
El escritor y pensador inglés John Ruskin (1819-1900) fue lo que podría llamarse un polímata: se atrevió a abordar casi cualquier disciplina con una erudición que conseguía transpirar, no obstante, la sinceridad “de los ojos infantiles” para el primer estudio. Sus extensos conocimientos sobre literatura, arte, botánica o economía política no le impidieron tomar partido por lo que escribía. En cada una de las páginas de Ruskin hay un inconfundible sentido de finalidad.
Estas coordinadas le caracterizan: fue crítico de arte y a la vez artista; teorizó sobre la economía política y practicó la filantropía. Solo dos años después de publicar La reina del aire, creó el Guild of St. George, una institución basada en la fe en la mejora social, y se enfrentó al capitalismo industrial de la era victoriana tanto de obra como de palabra.

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