Bajo el puente Mirabeau
Traducción de Vanesa García Cazorla
Errata naturae
Madrid
2026
96 págs.
Bajo las bombas y el lodo, una madre protege a su recién nacida: Bélgica, 1940. Un «relato real» de dignidad, memoria y belleza.
Una mañana de mayo de 1940, una mujer acaba de dar a luz. Es madre primeriza y la felicidad de ese prodigio la embarga: qué bello sería entregarse a esa placidez por estrenar. Fuera, sin embargo, el asedio de la realidad no cesa: «bombardeos en serie y salvas de fuego, impactos que se mezclan, se confunden, y todo se amplifica, se torna caótico y parece sostenido por el intenso y rítmico tumulto de las sirenas». Así es, los nazis están invadiendo su país, Bélgica, y ella ha de unirse a los millones de exiliados que recorren los caminos en dirección a Francia: mujeres, niños y ancianos huyen de la guerra, escapan de las tropas enemigas y dejan pueblos y ciudades desiertas. La hemorragia posparto, su debilidad, de algún modo, atenúan, sofocan, lo que experimenta durante este éxodo. Pero no atenúan ni sofocan la necesidad de proteger a su hija recién nacida: toda su atención, toda su voluntad se dirigen hacia ese objetivo. Los soldados franceses, los habitantes de las aldeas donde hacen noche, sus compañeros de infortunio: de todos ellos —seres asustadizos y a menudo egoístas, pero también sensibles y compasivos, unidos por el mismo desamparo ante la injusticia, la violencia y el dolor— recibe ayuda.
No es, en cualquier caso, la primera vez que emprende este viaje: en cada localidad, en cada parada, las imágenes evocan, como en una ensoñación, otra huida, aquella de la infancia, en agosto de 1914, junto a sus padres…
Única obra autobiográfica de Madeleine Bourdouxhe, Bajo el puente Mirabeau es un «relato real», como la Suite francesa de Irène Némirovsky, que nos sumerge por completo en este viaje simbólico: la mujer, en su momento de mayor vulnerabilidad —aún con las secuelas del parto—, debe atravesar la oscuridad, dar a luz a la vida, a la plenitud… Hay belleza a raudales en estas páginas, incluso en medio del lodo, incluso bajo las bombas. Entre tanto sufrimiento, la autora compone un alegato de dignidad y esperanza, una pieza magistral donde encontrar consuelo.
Madeleine Bourdouxhe (Lieja, 1906 – Bruselas, 1996). En 1914 se trasladó con sus padres a París, donde residió durante la Primera Guerra Mundial, para luego regresar a Bruselas para estudiar Filosofía. Su primera novela, La Femme de Gilles, se publicó en 1937, a la que le siguió À la recherche de Marie, en 1943. Su única hija nació, como en Bajo el puente Mirabeau, el día en que los alemanes invadieron Bélgica en mayo de 1940. La familia huyó a un pequeño pueblo cerca de Burdeos, pero el gobierno en el exilio la obligó a regresar a Bruselas, donde participó en la Resistencia belga (en particular, dando refugio a una mujer judía o llevando panfletos antinazis a la casa de Paul Éluard, además de con su rechazo a ser publicada por Gallimard o Grasset mientras estuvieron bajo control nazi). Reconocida en su época por los más grandes intelectuales, como Jean Paulhan (que publicó sus libros en Gallimard antes de la guerra), Jean-Paul Sartre (que publicó sus textos en su revista Les Temps modernes) o Simone de Beauvoir (que analizó una de sus novelas en El segundo sexo), el interés por su obra se reavivó en la década de 1980, cuando sus libros fueron reeditados y traducidos a varios idiomas.

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